Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

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Estrellas fugaces
El cometa Halley pasó cerca de la Tierra por última vez en 1996, si mal no recuerdo, porque tuve la suerte de verlo, junto a un grupo de amigos, una madrugada cerca del Parador de Albacete, en Chinchilla.

 

Se dice que no volverá a hacerlo hasta 2071. Aún así, todos los años acaece un fenómeno astronómico claramente afín con su aproximación a nuestro planeta: la lluvia de estrellas oriónidas. Sucede entre el 2 de octubre (siendo más intenso del 20 al 22) y el 7 de noviembre. No hacen falta aparejos especiales. Puede vislumbrarse a simple vista en las horas previas al amanecer.

El cometa Halley, que pasa por la órbita terrestre cada 75 años aproximadamente, recibe su nombre del astrónomo británico Edmund Halley, el primero en determinar que el cuerpo celeste observado desde la Tierra en los años 1531, 1607 y por él mismo en 1682 era siempre el mismo. A principios del siglo XX se difundió el mito popular de que su cola llevaba un gas letal llamado cianógeno que generaría un cataclismo matando a gran parte de la humanidad.

Andrés Ruiz, doctor en astronomía e investigador del Conicet en el observatorio de Córdoba dice: «Hay muchos cometas que rodean el Sistema Solar y que están formados por multitudes de cuantiosos materiales pero sobre todo de hielo, roca y metales. Cuando éstos pasan cerca del sol muchas de estas partes se despegan y eso es lo que forma sus colas».

¿Por qué empezó la tradición de pedir deseos con las estrellas fugaces? Parece que tiene gran relación con las supersticiones de los hombres con estas estrellas. Son varios los mitos que encontramos en torno a las lluvias de meteoros. Algunos afirmaban que eran indicio de algo positivo; otros los tenían como anunciadores de malas noticias.

Una de las teorías afirma que el astrónomo Claudio Ptolomeo creía que cuando “caía” una estrella fugaz el Reino de los Cielos se abría para los mortales y por eso aprovechaban para lanzar sus deseos.

Para los cíngaros era diferente pues opinaban que la aparición de las estrellas fugaces traía luz a la oscuridad y eran señales de buena suerte pues lograban que los seres de las tinieblas se mantuviesen alejados de su campamento.

El más célebre de los relatos es la relación de las estrellas con el nacimiento de Jesús. Al asegurar los tres Reyes Magos de Oriente que habían sido guiados por una estrella se empezó a pensar que cuando una “caía” del cielo era la llegada de algo bueno y positivo. Otra de las leyendas dice que cada estrella era el alma de una persona, por lo que su “caída” presagiaba un nacimiento.

En último lugar hay quien consideraba a las estrellas fugaces como anunciadoras de noticias negativas portadoras de anuncios de muerte y solía ocurrir que cuando a alguien le pasaba una desgracia afirmaba haber visto antes caer una.

El Nacional

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