Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Sonreír por obligación aumenta el riesgo de alcoholismo
Es bien sabido: sonreír es beneficioso para la salud ya que aumenta el nivel de endorfina, “la hormona de la felicidad”.

No obstante, hacerlo por obligación y sin ganas como ocurre, por ejemplo, en un trabajo de cara al público, puede incitar al alcoholismo.

Esta es la asombrosa conclusión de un equipo de investigadores tras indagar los hábitos de consumo de 1.592 profesionales que tienen contacto directo con los clientes a los que preguntaron la frecuencia con la que fingían o descartaban sus emociones, así como la cuantía de alcohol que tomaban después de concluir su labor.

Parece ser que existe una relación entre fingir o exagerar las emociones positivas, o reprimir las negativas, de modo regular y un excesivo consumo de alcohol después del trabajo.

La explicación se encuentra en que al aparentar o suprimir las emociones se está abusando del autocontrol lo que hace que ya no contemos con él cuando hay que controlar la vía de escape. Y es que, cuando consumimos alcohol, cambia la forma en que funciona nuestro cerebro. El cortex frontal, la zona que controla el sentido común, se relaja, nuestra capacidad de decidir se altera y tomamos decisiones que en circunstancias normales, nos resultarían estúpidas.

Asimismo se diluye nuestra capacidad para detectar el peligro y en esas circunstancias somos capaces de coger el automóvil sin pensar en las consecuencias o de asomarnos a un precipicio al que estando sobrios evitaríamos ya que el alcohol altera el funcionamiento de los neurotransmisores, las sustancias que controlan el funcionamiento del cerebro, haciéndolo “en doble dirección”; es decir, afectando tanto a los neurotransmisores “excitantes” como a los “depresivos”.

El consumo de alcohol aumenta la producción de un neurotransmisor llamado GABA, que favorece la sedación y la calma y reduce otro elemento estimulante: el glutamato. La mezcla de ambos efectos provoca la conocida “relajación” de la borrachera, así como lentitud en el habla y el movimiento. Pero, lamentablemente, puede también “disparar” la agresividad-

Del mismo modo, el alcohol formula la liberación de dopamina, que es la sustancia que activa el circuito de estímulo del cerebro. Por ello, beber resulta placentero y, conjuntamente, necesitamos cada vez más bebida para lograr el mismo nivel

Esto provoca, y explica, que las personas que más interactúan con el público en su trabajo beban más que la media.

Sin embargo, esa relación también depende del tipo de trabajo que se efectúe. Por ejemplo, los enfermeros pueden forzar las emociones positivas para consolar al paciente, lo que a la larga beneficia su relación paciente-enfermero y no tiene consecuencias negativas.

Pero si se están fingiendo esas emociones para conseguir una mayor propina, por ejemplo en una cafetería o un restaurante, el efecto en la salud resulta negativo y agotador al repetirse constantemente.

El Nacional

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