Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Como sabemos, este nuevo año ha empezado en martes y, los dígitos que lo conforman, acaban en 13. Para algunos eso representará, posiblemente, un mal augurio y, para otros, determinará algún acontecimiento afortunado. Cada uno que piense cómo quiera. El pensamiento es lo único que nunca se puede, ni se podrá, encarcelar ni anular a la fuerza.

Aquí, en Cabarete, se la pasó lloviendo todo el primer día. A partir de las 5 a.m., se puso a diluviar, literalmente. Y, a la hora en la que mi hijo debía dirigirse a su trabajo, las 6.15 aproximadamente, caía un agua imposible de manejar, ni con la ayuda de un paraguas. Estaba muy oscuro, parecía que nos encontrábamos en plena noche. Además, se había ido la luz varias veces durante la noche, interrumpiendo los típicos festejos de los vecinos, que reanudaron después, y no volvió hasta las 8 de la mañana.

Como madre, me compadecí de mi hijo, máxime cuando, el muchacho tenía fiebre, fruto de su primera gripe del año. Pero Nicolás, a pesar de no encontrarse bien en absoluto, se fue a cumplir con sus obligaciones. Cuando regresó su dolencia había empeorado, como era de suponer, y de bastante mal humor. Al llegar a casa derrochó una retahíla de quejas sobre el mal comienzo del año.

Entonces, después de escucharle tranquilamente, darle su medicación y obligarle a guardar cama, recordé un viejo dicho de los gitanos españoles. Dicen que prefieren los “malos comienzos”. Según su punto de vista, lo que empieza demasiado bien no suele acabar del mismo modo. La verdad es que coincido, en mucho, con ellos en esa teoría.Así se lo comenté, entonces, a mi hijo que se limitó a mirarme con cara incrédula, observando como seguía lloviendo a raudales a través de los cristales.

-Nunca pensé que aquí llegaría a tener frío, mamá, siendo madrileño de nacimiento y habiendo vivido en Madrid durante mis veinte años de vida… –  me dijo, pensativo.

La verdad es que su comentario me causó gracia pues es verdad que no es lo mismo, por mucho que refresque, que el cielo se le caiga a uno, en forma de lluvia, cuando la temperatura es de 5º centígrados, en el exterior. Pero, a todo se acostumbra uno y sí, hacía frío, un frío dominicano que nos obligaba a abrigarnos un poco. Por supuesto, nada que ver con el de la capital de España en esta época del año.

La noche anterior, conectamos, mediante Internet y en directo, con Televisión Española, antes de las 7 de la tarde. El fin era el tomarnos las “uvas de la suerte” al son del reloj de la Puerta del Sol para, de ese modo, saber que las compartíamos con mi hijo Carlos, mi nuera Mayte y mi nieta Aitana, además de con nuestros buenos familiares y amigos. Al poco rato de terminar el simpático rito, nos llamaron por teléfono para felicitarnos el año. De modo que, este año, Nicolás y yo tuvimos dos finales y dos principios, aunque, al dominicano no llegamos porque había que madrugar al día siguiente.

¡Bendita tecnología! La imagen de mi computador era tan clara que parecía que estuviésemos allí, en el mismo Madrid. Los actores Imanol Arias y Anne Igartiburu fueron los presentadores del programa. Allí llovía también y, según los comentarios de ambos artistas, hacía mucho frío, del de verdad. Fue bonito y emocionante contemplar  esa famosa plaza repleta de paraguas abiertos, a pesar de las inclemencias del tiempo.

El Nacional

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