Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Por esas coincidencias que a veces nos brinda la vida, la internacional “Fiesta del Trabajo”, se junta con una de gran relevancia histórica en España: “El dos de mayo”.

Carlos IV (Portici, Nápoles, 1748 – Roma, 1819), sucedió a su padre, Carlos III, al morir éste en 1788.  Fue un rey poco inclinado a los asuntos gubernamentales, que dejó en gran medida en manos de su esposa, María Luisa de Parma, y del amante de ésta, Manuel Godoy. Siguió el consejo de su padre, manteniendo en el poder a Floridablanca pero, en 1792, acabó por sustituirlo por Aranda y luego por Godoy, que se mantuvo hasta el final del reinado. Carlos IV firmó una alianza con Francia en el año 1796, que ya se interesada por las riquezas de las colonias españolas en América y también por la lana que se producía en la Península Ibérica.

Napoleón Bonaparte estimaba que España tenía un encuadre ideal para dominar el Mar Mediterráneo. Además se encontraba apremiado por la petición de los pañeros franceses. Éstos pedían que los ganaderos españoles les suministrasen su producción de lana merina y, sus cultivadores, todo el algodón que necesitasen

La destrucción de la flota española que, simultáneamente con la francesa, fue derrotada en Trafalgar, hizo perder al emperador el deseo de mantener su buena relación con España. Consideró que, sin barcos, este país no podría servirle para hacer frente al poderío naval inglés. Cambió sus propósitos y comenzó a trazar un plan de intromisión, después otro de ocupación y finalmente uno de sustitución de la Monarquía de los Borbones por la de un miembro de su familia. Pensó que la debilidad de la monarquía española facilitaría sus intenciones. Las disputas entre Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII, acabaron con el reemplazo del primero por el segundo, a raíz del Motín de Aranjuez, en marzo de 1808.

Pero Napoleón confundió el enflaquecimiento de la monarquía con la actitud del pueblo español que no estaba dispuesto a aceptar la presencia francesa en su suelo. El emperador declaró: «Si la invasión fuese a costarme 80.000 hombres, no me arriesgaría. Pero estoy seguro de que no necesitaré más de 12.000». No tardaría en comprobar su error y que no lo lograría ni con un ejército de 200.000 soldados. Godoy, al percatarse de los planes de Napoleón, propuso un reparto de Portugal. La proposición fue base del Tratado de Fontainebleau (octubre de 1807).

El pacto se puso en marcha con rapidez y un ejército francés, al mando del general Junot, atravesó la Península y ocupó Portugal. La familia real de los Braganza se vio obligada a huir a Brasil, adonde fue transportada por una flota inglesa. Cuando se produjo el destronamiento de Carlos IV y Fernando VII se dispuso a entrar en Madrid, las tropas del general Murat ya dejaban ver sus intenciones. Napoleón aprovechó la confusión del Motín de Aranjuez y llamó a ambos a Bayona, con el pretexto de mediar en el conflicto producido entre padre e hijo. Actuó con habilidad y consiguió que Fernando VII renunciase en favor de su progenitor, que ignoraba que éste había ya cedido sus derechos al emperador. Napoleón obligó, entonces, a su hermano José, Rey de Nápoles, a aceptar la Corona española.

El 2 de mayo en Madrid, el pueblo, sintiéndose traicionado por los presuntos aliados, se levantó en armas contra las tropas francesas. Creyendo ser suficiente, Napoleón situó en España 92.000 hombres, que después tuvo que incrementar a unos 300.000. Existe una céntrica plaza en Madrid, en recuerdo de esta fecha, además de varias pinturas de Goya.

El Nacional

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