Uno desea regresar a su tierra natal, lógicamente, sobre todo cuando ha estado tanto tiempo en el extranjero. Pero cuando llega, y además no tiene demasiados medios económicos, termina haciéndose a ciertas cosas a las que se había desacostumbrado. ¡Qué remedio! Se va la luz, cuando le da la gana, así como el agua y la cobertura telefónica. Pero, a estas alturas del siglo XXI y siendo ya la República Dominicana un país internacionalmente conocido, uno se pregunta el motivo por el cual ocurren estas vicisitudes, incluso en el mismo Santo Domingo y otras capitales importantes.
En un principio, cuando llegué, en el 2009, muchas personas a las que preguntaba sobre este incómodo suceso solían contestarme que acontecía porque mucha gente no pagaba. Yo les contestaba que, a quien no lo hiciese, era lógico que se le cortara el suministro. Pero que, sin embargo, no me parecía justo que ocurriese lo mismo con los que abonasen puntualmente sus facturas. La gente, a la que me refiero, se limitaba a encogerse de hombros, como si de algo normal se tratase. Me decían que estaban impuestos a ello. Me llamó la atención el vocablo que utilizaban.
Pero después, muchas otras personas, más doctas en la materia, me informaron de que no se trata de que en este país no haya suficiente energía eléctrica. Me indicaron que existen numerosos económicos intereses creados. Fui averiguando y enterándome, poco a poco, de a qué se referían dichos intereses. Creo que no necesito ni siquiera especificarlos pues el lector los conoce mejor que yo. Pero me duele que en nuestra República sucedan estas cosas y que, por culpa de ello, muchísima gente se vea afectada, a diario. Perjudica, a muchos, el no poder realizar debidamente su trabajo, teniendo que dejarlo durante horas e incluso durante días.
Esto es algo que me parece muy injusto: personas que quieren trabajar para ganarse un dinerito y mantener a su familia y que no pueden por esa absurda carencia. Si no tienen suficientes ingresos como para vivir en un edificio que tenga planta electrógena o para adquirir un inversor, cuando no hay electricidad, su trabajo se detiene, ante la desesperación y la impotencia de muchos a los que he conocido en estos últimos años.
Asimismo, y ya lo mencioné anteriormente, aunque existe la opción de potenciar las energías alternativas, en las que somos realmente ricos, el sol, el viento, las caídas de las maravillosas cascadas que abundan en nuestra geografía, también existe la excusa de su alto precio. Es harto sabido que, a pesar de que, en principio, eso es una realidad, finalmente resultaría menos costoso. Y no sólo eso sino que beneficiaría a gran parte de la población y por lo tanto a la economía de nuestro país.
A mi modo de ver, se debería favorecer la utilización de la energía fotovoltaica y la eólica, mediante subvenciones. Todos saldríamos ganando, tanto las personas como el desarrollo económico de la República Dominicana. Esa es mi humilde opinión..

