Un poco del refranero:
El que calla otorga
No siempre el que calla otorga, como reza el refrán. A veces, simplemente ignora No se da por aludido o no quiere entrar en una guerra sin sentido.
Muchas veces, lo que popularmente se interpreta como otorgar, es simplemente no tener la necesidad de defenderse. A uno poco le importa lo que el acusador piense y haga pensar a otros. Sobre todo cuando ese acusador a uno no le interesa. Ni tampoco le importan los que deciden juzgarle del mismo modo y aceptan su afirmación. Simplemente el asunto no tiene ninguna trascendencia para uno. Entonces uno se calla y lo deja pasar.
Como a uno no le interesa esa persona en absoluto, tampoco tiene el mínimo interés en tomar represalias contra la misma. Eso sería una forma de demostrar que está herido y que necesita vengarse para intentar sanar su herida. Pero, como no es así, calla.
Suele ocurrir que, cuando uno actúa de ese modo, la persona que intentaba falsear algo, se siente frustrada al no recibir respuesta a su acusación. Es posible que esa persona vuelva a arremeter en contra de uno.
Pero, si uno sigue en sus trece, lo más probable es que esa persona termine cansándose y se olvide de uno. De lo contrario uno estaría entrando en su juego y, como sabemos, no hay que dar de comer a los lobos hambrientos.
Muy distinto es el no tener el valor de enfrentarse a la verdad que es a lo que se refiere el famoso dicho. Callar por vergüenza o por miedo puede ser otorgar, dar la razón a quien de uno está descubriendo algo. Pero tampoco es siempre así.
Nada es siempre lo mismo Nada es siempre lo que pensamos que es
El silencio puede, en numerosas, múltiples ocasiones, ser nuestro mejor aliado. Existe otro refrán con el que estoy de acuerdo al cien por cien: Uno es el amo de lo que calla y esclavo de lo que dice.
Como siempre afirmo, esta es mi humilde opinión que nada tiene que ver con lo que otras personas puedan pensar y creer.

