¿Qué Pasa?

Vivencias de un guerrillero apacible

Vivencias de un guerrillero apacible

Cuando adquirí el libro Vivencias de un guerrillero, del doctor Rafael Pérez Modesto (Rafa) terminé su lectura en un par de días.

Antes de comenzar a recorrer sus páginas, rememoré aquel aciago 21 de diciembre de 1963, cuando el corazón me dio un vuelco al enterarme de la muerte de Manolo Tavarez Justo y sus compañeros del Frente guerrillero Enrique Jiménez Moya, que operó en Manaclas, San José de las Matas.

La puñalada a la patria que significó el cuartelazo de septiembre del citado año, motivó que decenas de jóvenes se inmolaran en una batalla desigual contra un ejército poderoso, tratando de restablecer el gobierno constitucional derrocado.

    La caída en enfrentamientos bélicos de hombres que luchan por un ideal, nos producen honda pena y admiración, pero casi nunca conocemos los sucesos que precedieron a sus muertes.

  De ahí el impacto que me produjo la interesante narración del autor de esta  obra, que fue uno de los combatientes del Frente guerrillero Juan de Dios Ventura Simó.

   El doctor Pérez Modesto hace honor a su apellido materno, característica que no ha podido cambiarla el haber ocupado relevantes cargos públicos.

   Además, el hombre que empuñó el fusil para enrolarse en una empresa que exigía quijotesca temeridad, aparenta ser dueño de una imperturbable serenidad, y su suave voz carece de inflexiones marciales o autoritarias, propias de los hombres de armas.

   La lectura de Vivencias de un guerrillero nos demuestra que desde los años de la adolescencia en la ciudad de La Vega, el autor ya unía en su pecho amor a la libertad, y rebeldía frente a la dictadura de Trujillo.

   Tras el ajusticiamiento del sátrapa se convierte en líder de los estudiantes del bachillerato que luchan contra los remanentes del agónico régimen.    Caída la dictadura, sus simpatías políticas se inclinan por el Movimiento 14 de Junio, y la asonada cuartelaria  lo lanza de golpe hacia las montañas de Bonao y Ocoa.

Las penalidades que sufrió junto con sus compañeros son relatadas en un estilo sencillo, pero con abundancia de detalles, que llevan al lector por inevitables rutas de pesadumbre.

Perseguidos por las fuerzas militares y policiales con obsesiva tenacidad, huérfanos de la necesaria colaboración de aterrados campesinos, sin poder evitar la deserción en sus filas, Rafa y sus compañeros son cercados.

Polo Rodríguez, comandante del frente, cae abatido a tiros junto a su permanente acompañante Gustavo Adolfo González (la yerba), y Pérez Modesto es herido en una pierna, de la cual comienza a sangrar profusamente.    Pero el calvario de este luchador democrático apenas comenzaba, y es necesario leer su emotivo testimonio para conocer, a través de las acciones de sus captores, que en el alma humana conviven estrechamente unidas la maldad y la nobleza.

El Nacional

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