Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

La de vicepresidente de la República es  una de las más delicadas funciones  públicas, por cuanto  como segunda figura del Poder Ejecutivo, pertenece a la estructura alta del Estado, pero cuyo poder de decisión es  muy relativo. Su atribución principal consiste es sustituir  al Presidente a falta temporal o definitiva de éste. Y eso hace más engorrosa su posición.

El vice es portador de un germen que ha propagado espanto y paranoia entre incumbentes de la presidencia. Creo que se precisa cierta vocación  para este cargo, no basta la aspiración. La vocación puede basarse en las condiciones innatas del candidato  o la en etapa de su carrera política en que se encuentre.

Para Segundo Armando González Tamayo, un médico de 33 años de edad, significaba mucho en 1962 ser el segundo ejecutivo de la Nación. Ocupar el Ministerio de Salud hubiera sido bastante en esa  etapa de su vida. El Presidente Juan Bosch lo sabía  y no fue casual que defenestrara a Buenaventura Sánchez, el candidato electo por el Partido.  

Carlos Goico Morales –vicepresidente por  ocho años- exhibió  una disposición natural para el cargo. Llegó a decir que sólo tenía compromiso con el presidente Balaguer y la Virgen de Altagracia. Fue quien resarció al caudillo reformista de la rebeldía de Francisco Augusto Lora, su acompañante  en el primer período.

Lo ocurrido con Lora, quien enfrentó  en 1970  la repostulación de Balaguer, ha tenido mayor repercusión  de la observada ordinariamente. Ha dejado marcas  que afloran en los candidatos presidenciales al momento de optar por el compañero de fórmula. A partir de Lora,  Balaguer escogió el  vice no esperado, con misterio y tardanza.

El PRD y el PLD iniciaron la práctica de escoger su candidato vicepresidencial por votación. Luego el influjo de Balaguer llevó a esas organizaciones la novedad de que el candidato presidencial señalara a su acompañante. La tendencia ha sido a seleccionar postulantes  con el menor nivel de conflictividad.

El político con ínfulas de líder y con  aspiración  presidencial inmediata no hace bien con buscar la segunda posición. En algunos casos ese  interés  puede interpretarse como de mala fe y el aspirante a vice  caería al candidato presidencial como un vendedor de seguros de vida.

  Luis Abinader y Margarita Cedeño están en tiempo de vice. La diferencia  está en que al primero lo escogió el candidato presidencial, Hipólito Mejía, por un acuerdo preconvención, y a Cedeño se la impondrá a Danilo Medina el presidente Leonel Fernández.

Miguel Vargas no está en tiempo de vicepresidencia. Algún seguidor suyo  ha sugerido que lo sea. Pero él lo niega. Quien está en tiempo de vice es Abinader. Todo lo favorece para que lo sea.

El Nacional

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