Opinión

VOCES Y ECOS

VOCES Y ECOS

Cuando las personas se  colocan por encima de las instituciones, el orden se quebranta, el malestar  se expande y ocurren fenómenos como la desazón que padece hoy Venezuela, debido a la ausencia de su  presidente, Hugo Chávez, y  la permanencia al frente del gobierno de un vicepresidente designado para el período que terminó el jueves 10.

Nadie ha de dudar de que la adulación sea el abono más efectivo para fomentar regímenes  individualistas y permitir que un sujeto,  no sólo se sienta indispensable y superior a los demás, sino que llegue a creer que su voluntad es ley suprema.  Eso está ocurriendo en la hermana república suramericana.

El manejo de las instituciones  públicas en Venezuela es pura expresión de la voluntad del presidente Chávez. La reunión de la Asamblea Nacional en la que se juramentó el bufete directivo resultó un prolongado tributo a Chávez y la chabacanería.  Fue total la ausencia  de solemnidad y  abundó la cháchara partidista hasta en los juramentos de los diputados.

Cuando vi  por televisión la conferencia  de prensa de la presidenta del Tribunal  Supremo de Justicia, antes de que ella tocara el punto medular avizoré que la señora Luisa Estrella Morales estaba contaminada de chavismo. La vehemencia con la que defendió  la decisión de la sala constitucional confirmó la sospecha.

Ese organismo dictaminó que  los funcionarios del gobierno que habría de terminar el jueves 10,  fueran   legalizados para continuar al frente de la administración venezolana, incluido el  vicepresidente de la república,  Nicolás  Maduro, quien fuera  designado por Chávez para el período que  terminó en la fecha establecida.

El Tribunal Supremo  tampoco ha  encontrado  falta temporal de Chávez, ahora presidente electo, y por tanto no ha visto necesidad de que el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ocupe la presidencia provisionalmente. Cabello es el segundo hombre del chavismo, pero Maduro ha sido el señalado como sucesor por  Chávez.

Para el período gubernamental  2013-2019, recién iniciado,  Hugo Chávez no puede  nombrar a un vicepresidente, como autoriza la Constitución de su país, puesto que no  ha prestado juramento, y no se juramenta porque su estado de insalud se lo impide. ¿Qué hubiera pasado si el presidente electo  y enfermo fuese de otro partido? ¿Seguiría Maduro?

Lo que más debe interesar en todo esto es que  Chávez recupere  la salud y – como Lázaro- se levante a gobernar. La lección para otros pueblos ha de ser que no se  puede  delegar  todo el   poder  en un solo hombre, como  tampoco conviene  crearle a  líder alguno la idea de que  es único y eterno.  La autocracia  nunca es benigna.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación