ATENAS. EFE. La vida en Idomeni es una cola continúa, para el reparto de comida, para la clínica médica, para la asistencia legal… Voluntarios de toda Europa han venido hasta Grecia para hacer posible la vida en esta tierra de nadie. Elin Netland es una voluntaria independiente, que ha aprovechado una semana libre de su trabajo en Noruega para venir a Idomeni.
Normalmente colabora con asociaciones locales para niños, y para venir aquí indagó en Facebook hasta que encontró un grupo -A Drop in the Ocean- en el que más de 30.000 personas se organizan para ayudar a los refugiados en diferentes zonas, especialmente madres y niños.
Elin se queja de la falta de estímulos para los niños- “Se vuelven locos cuando nos ven, incluso se pelean entre ellos para jugar a las palmas con nosotras».
A su alrededor, cinco niños sirios revolotean y finalmente hacen una fila, esperando para que les toque el turno de saltar a la comba.
“Necesitan comida sí, pero también otras cosas. Algunos voluntarios vienen preparados y otros no, pero todo el mundo puede aportar algo”, señaló
Netlin a Efe.
Está cansada pero les promete a los niños que en un minuto está saltando con ellos. En Idomeni hay hoy, según fuentes oficiales, 13.250 personas.
La presencia gubernamental es mínima, prácticamente se reduce a unos cuantos policías que organizan el tráfico, se aseguran de que nadie cruce al lado macedonio de las vías del tren y reparten folletos pidiendo a los refugiados que se resignen y se acojan al sistema de reubicación. La mayoría del trabajo lo realizan organizaciones no gubernamentales y voluntarios independientes.
Son también ellos los que tienen que responder a las dudas de los refugiados, aunque no tengan las respuestas. Corina lleva ocho días en Idomeni. Estudiante de arquitectura alemana, todos los días ella y varios amigos cocinan y reparten tazones de sopa junto a las vías del tren.
De su furgoneta sale música electrónica, y entre la gente que hace cola para comer y los que ya han terminado se organiza un círculo de baile improvisado.
A unos metros, en mitad de las vías, un grupo de refugiados se manifiesta con pancartas pidiendo que abran las fronteras.

