El Nacional
Ocho meses de reclusión en la cárcel de Najayo no acabaron con los sueños de ganar una medalla en un Campeonato Mundial a la novel boxeadora, Marisol Reyes, a quien llaman Sondora en honor a su abuelo Ki Sondoro, quien también fue boxeador.
Cuando le dictaron tres meses de prisión preventiva, por un caso del que se declara inocente, la boxeadora, en la categoría ligera de 130 libras y 28 años, vio nublarse su futuro. Pasó los primeros meses deprimida, engordó más de 50 libras y casi se resignó a dejar de soñar.
Pero luego le rectificaron la coerción a otros tres meses volvió a entrenar y formó un equipo de mujeres que juntan realizan ejercicios y encontraron en esa práctica ganas de superación y renovación. La prisión también endureció su carácter y la hizo tener fe en Dios, y creer que si él permitió que ella estuviera presa fue por algún motivo.
Dios siempre obra para bien, dijo convencida Sondora.
Hoy ella se encuentra en libertad gracias a la ayuda del pelotero José Guillén, quien conoció su caso en una de sus visitas regulares a la cárcel y le donó 50 mil pesos de los 100 mil que solicitaban los querellantes para retirar la querella. Unos vecinos de ella la acusaban de haberlos agredido.
Sondora visitó El Nacional para agradecer al pelotero la colaboración y para hacerle saber que le dedicaba el triunfo en la pelea que tuvo luego de salir de la cárcel.
Sondora explicó que a ella la involucraron en un conflicto que tuvo su hermana con los querellantes.
Dijo que su hermana, en medio de una riña, le echó ácido a uno de los vecinos y que éstos la incluyeron en la querella sin que ella hubiese participado en el conflicto.
Hoy su objetivo es seguir sumando victorias a las cuatro que tiene en su corta carrera de tres años, que inició luego de haber practicado distintas modalidades de artes marciales.
Sondora combina su entrenamiento en el gimnasio Mohamed Ali, del barrio 24 de Abril, y con su trabajo de instructora de educación física en la Escuela Nacional de Sordomudos, empleo que recuperó inmediatamente salió de prisión.
Sondora, que reside en el barrio Las Cañitas, sabe y disfruta trabajar con niños con discapacidades auditivas porque su propio hijo de 10 años tiene esa condición. Es también madre de otro, de 13, que afortunadamente no tiene problemas para escuchar y hablar.
El entrenador de Sondora, Ramón Díaz, ve un prominente futuro en ella.
Valoró su capacidad de aprender rápidamente y el empeño que pone en cada entrenamiento.

