Yo la vi, mas no ella a mí en un pasillo de la facultad de Humanidades de la UASD a principios de los años ochenta. Su caminar parecía buscar alguna verdad oculta. Era insoslayable, no por su dilatado currículo entre lo que contaba haber dirigido la ADP, dirigente histórica del PRD, ministra de Educación, etc., sino por su inmaculada labor en pro del humanismo.
Seguía ávido cada uno de sus escritos, que eran para mí una asignatura a estudiar y analizar. Solo Marcio Mejía-Ricart, el doctor Peña Gómez y ella, hablaban de socialdemocracia dentro del PRD. De recia formación y vasta cultura, Yvelisse Prats Ramírez era una intelectual en todo el sentido de la palabra.
Mientras me desempeñé como presidente de la Asociación Dominicana de Sociólogos (ADOS) la invité a un acto en tributo al maestro Eugenio María de Hostos. Le dejé la carta de invitación en el local del PRD de la avenida Bolívar. Ese domingo fue la primera en llegar.
Luego llegó Juan Bosch. Durante la actividad, sentí una catarsis en lo más recóndito de mi interior al ver esas dos excelsas figuras juntas sobre un mismo escenario.
Siendo ministra de Educación en un evento del liceo Estados Unidos, y luego de observar las presentaciones del alumnado, al llegar su turno en el podio exclamó: “A esa escuela es que yo aspiro en la República Dominicana”.
Yvelisse Prats se ha marchado. Se fue… pero no se fue, pues sus aportes de mujer de ciencia y arte, maestra, e incansable luchadora por un mundo mejor, nos los deja como legado, que es como si la tuviéramos por siempre presente.
Por. Elvis Valoy
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