POR RAFAEL SANTO
La revuelta de aquel abril del 1965, es tal vez, la fecha histórica más recordada por los dominicanos del pasado siglo, en donde las diferentes generaciones tendrán que llevar consigo como sello perenne de un acontecimiento que marcó el valor de los hombres y mujeres que supieron defender con gallardía esta parte del suelo quisqueyano.
Los coroneles Francisco Alberto Caamaño Deñó, Rafael Tomás Fernández Domínguez y Juan María Lora Fernández, así como otras importantes figuras tales como, Manuel Ramón Monte Arache, el italiano Illio Capozzi, Héctor Aristy (este último acompañaba a Caamaño el lunes 25 de mayo de 1965 recibió una llamada del depuesto Presidente Juan Bosch en donde le daba instrucciones para que se organizara un gobierno transitorio que sería encabezado por el Coronel de Abril) José Francisco Peña Gómez, Claudio Caamaño Grullón y Hamlet Hermann son nombres que se encuentran en un señero lugar de la historia dominicana.
Este es el primero de los ocho capítulos que componen el libro del periodista Rafael Santo, corresponsal de El Nacional en Salcedo. La obra titulada El Nordeste y el 65, otros testimonios para la historia, será puesta en circulación este año.
También los dirigentes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4) y del Movimiento Popular Dominicano (MPD), Juan Miguel Román, Rafael (Fafa) Taveras, Fidelio Despradel, Homero Hernández y Maximiliano Gómez (El Moreno) y otros tantos, son emblemáticas figuras que en este país tienen que ser recordadas con admiración y respeto, y sobre todo, como entes que en ese difícil momento de nuestra historia republicana, lo dieron todo a cambio de que en este terruño se volviera a la legalidad y se marchara por el camino establecido en nuestra constitución.
Fue así como ese puñado de hombres, enamorado de un puro ideal, le dijeron no a las apetencias de otros que tutelados por fuerzas externas y de los sectores más desaprensivos del país, procuraban continuar socavando y actuando bajo la sombra de la impunidad, creyéndose esto, que el país le pertenecía y por lo tanto como amos y señores saqueaban, ultrajaban, para luego con el mayor descaro ampararse en la falsa de que su actuación obedecía a la defensa de los mejores intereses y enarbolando la bandera del supuesto anticomunismo, muy de moda en esos años de turbulencia en América Latina, debido al triunfo de la Revolución Cubana y que de acuerdo a las percepciones de esos sectores ya en el país se venía infiltrando en la mente de un ala de los militares y de los dirigentes políticos que buscaban la constitucionalidad y el respeto a las grandes mayorías del pueblo, ideas no muy acorde con lo que aspiraban perpetuarse en la cima del poder político de esta parte del mundo.
Muy a pesar de que los grandes combates se libraron en diferentes lugares de Santo Domingo, capital de la república dominicana y eje principal de aquella gloriosa contienda, muchas ciudades dijeron presente con sus hombres y mujeres dotados de las mejores intenciones para librar la lucha que más que todo era el deseo transmitido a través del ejemplo de valentía representados en sus máximos exponente como fueron los coroneles, el Glorioso de Abril Francisco Alberto Caamaño Deñó y el ideólogo de la revuelta de 1965, Rafael Tomás Fernández Domínguez.
De Salcedo cabe destacar que Rafael (Fafa) Taveras, Santiago Disla Tejada, Altagracia (Tatá) y su hermano Rafael Pantaleón, el entonces teniente coronel Dante Rafael Canela Escaño (Pín), Pascasio (Paco) Javier, Ramón Rivas (Moncito la Yagua), Manuel Alfáu, Francisco La Paz, Antonio Manuel Camilo Suazo, Juan Peña, Domingo Reynoso, Pedro Malela, Bienvenido Gómez, Marcos Paulino y Ernesto González.
También los hermanos William y Negro Garrido, Elido Pérez3, Alejandro Sánchez y Rafael (Fefey) Batista, Marino Antonio Almánzar García y José René Jiménez Germán, entre otros.
En San Francisco de Macorís dijeron presentes, la periodista y comentarista de televisión Consuelo Despradel, Narciso Issa Conde, Francisco de la Rosa, Juanito Lantigua, Cristian Sánchez y el ex primer teniente de la Fuerza Aérea Dominicana, Berto Gabriel García y José Manuel Lozano González, entre otros.
La provincia María Trinidad Sánchez dijo presente con el líder de los sargentos, Pedro José Lantigua Bravo, mientras que Samaná estuvo dignamente representada por el ingeniero José Antonio Andujar.
La Guerra de Abril, como todo movimiento de esta envergadura, tuvo su génesis justo en el momento de aquel 1963, cuando un grupo de desarmados militares anidaron en su cabeza la torpe idea de acabar con el primer ensayo democrático que se diera el país, luego del ajusticiamiento del tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina y el cual encabezaba uno de los políticos más verticales y honesto que ha parido esta media isla quisqueyana, llamado Juan Bosch.
Este ocupó la primera magistratura de la nación por solo 7 meses junto a su vicepresidente Armando González Tamayo, ambos pertenecientes al Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
Ese grupo de militares, de los cuales algunos todavía son llamados por ciertos comunicadores que le dan el mote de honorables, muchos de ellos hacen vida pública y toman participación en el escenarios políticos nacional, pretendiendo con esto dejar sellada la conciencia del dominicano de aquellas fatídicas decisiones tomadas en contra de la legalidad de un pueblo que no aspiraba más que a vivir en democracia.
Entre esos militares (gracias a Dios hoy retirados y otros sino calentándose en las llamas del infierno, por lo menos esperando el juicio final en donde tendrá que darle cuenta al creador por haber iniciado una masacre tan grande en contra de miles de dominicanos), que conspiraron en contra de la dominicanidad, figuran los entonces coroneles Elías Wessin y Wessin, Pedro Bartolomé Benoit, el primero se desempeñaba en el importante cargo de Director de Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (Cefa), el mayor Rolando Haché, y el capellán militar Marcial Silva4.
De no haber sido por la anti patriótica actuación de ese grupo de militares de San Isidro bajo las órdenes de Wessin y secundada por Benoit, quien fue el que tuvo la responsabilidad de emitir de manera formal el pedido de intervención militar sobre el país, el día 28 de abril del 1965, luego que el embajador Tapley Bennett recibiera de su agregado militar las informaciones de la cadena de derrota y desmoralización que venían sufriendo los del Cefa, otra hubiera sido la historia de aquel esfuerzo que hacía el grupo comandado por Caamaño el cual buscaba junto al pueblo, el restablecimiento del profesor Juan Bosch en el poder y con ello la legalidad perdida la madrugada del 25 de septiembre del 1963.

