Washington. EFE. De nada han servido los 40.000 millones de dólares que EE.UU. ha invertido en mejorar los controles de seguridad aérea desde el 11-S, pues ahora está de nuevo ante la tarea de tapar el agujero por el que se ha colado, de nuevo, un terrorista suicida en un vuelo comercial.
Desde hoy, tal y como anunció ayer el presidente Barack Obama, los pasajeros se embarcarán junto con agentes de paisano armados y los aeropuertos se poblarán de perros policía, escáneres de detección de explosivos y puestos de revisión de equipaje de mano.Se trata, según los expertos, en una nueva vuelta de tuerca a un sistema que controla decenas de miles de vuelos cada día y que, según mantuvo el fin de semana el Gobierno de Obama, funcionaba como la seda».Pero algo ocurrió para que un joven nigeriano que figuraba en la lista de sospechosos de terrorismo del Ejecutivo federal obtuviera un visado de turista y se colara en un vuelo comercial con un dispositivo explosivo sin que saltarán las alarmas.
Hubo un fallo miserable en el vuelo de Northwest Amsterdam-Detroit, afirmó el lunes la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, algo que secundó Obama al aparecer por primera vez en publico desde Hawai, donde pasa sus vacaciones, para explicar la respuesta del Gobierno.
Obama anunció una revisión completa de los sistemas de seguridad, en momentos en que se intensificaban las medidas de control de seguridad aérea en todo el país, lo que ha llevado a los pasajeros a sufrir minuciosos registros corporales y de equipajes de mano.
Además de los perros policía y los agentes de paisano, las fuerzas de seguridad estadounidense han desplegado en los aeropuertos expertos en terrorismo atentos a las alarmas de otros viajeros o a los movimientos de posibles sospechosos.

