La última vez que vine de vacaciones cuando estudiaba en Francia fue en el verano del 1990, reelecto el Dr. Balaguer y el país sumido en una grave crisis en la que resaltaba el desabastecimiento de hidrocarburos. Al retornar a Paris, mi padre me envió una convincente carta con las razones por las que debía retornar al país a echar el pleito contra el despotismo ilustrado y la cleptocracia de ese nefasto régimen. Le afirmé que retornaría porque mi objetivo era aplicar los conocimientos adquiridos en materia de derecho internacional del desarrollo y los valores aprendidos de respeto a las personas,a la ley y a las instituciones en beneficio de la patria que me vio nacer.
El proceso electoral me ha puesto a reflexionar si alguna vez valió la pena regresar, si mis modestos esfuerzos por adecentar y desarrollar el país han valido la pena, y si lo que tocaría ahora sería la retirada en busca de mejores horizontes para mi familia. ¿Porque cómo explicarle a un adolescente de 17 años o a un niño de 10 que aquí, en su país, el que se para en una luz roja, el que no roba dinero del Estado, o el que no compra cédulas ni hace fraude es un buen pendejo y no un ciudadano honorable?
Mientras, vamos a lo sucedido en las elecciones: que hubo un 49% de la población que no votó por el presidente electo, y si a eso se le añade que hubo una abstención de un 31%, resulta que un 65% de los dominicanos en aptitud de votar no lo hicieron por él, lo que disminuye su representatividad popular. Por demás, una ola ciudadana que clama por la ilegitimidad de estas elecciones por todas las barbaridades, atrocidades, irregularidades, trampas, marrullas, ilegalidades e inconstitucionalidades cometidas por el partido oficialista y las instituciones públicas bajo su égida para no perder las elecciones.
Al vencer a su adversario con la misma arma letal con que fue derrotado en las nunca mejor recordadas primarias del 2007, léase el Estado y los cuantiosos recursos de los contribuyentes, Danilo Medina enfrenta el reto de tener que legitimar su próximo gobierno, tal y como tienen que hacerlo los jueces mediante sus sentencias ante el tribunal popular, ya que no son directamente electos por los ciudadanos. ¿Tiene Medina el chance de hacer legítima su elección como presidente de todas y de todos?
Me aventuro a avanzar que, primero, tendría que remozar el desgastado y desacreditado gabinete del mandatario saliente con gente nueva, competente y proba, que las hay en su entorno y en todo el país. Luego dejar que la justicia actúe contra los corruptos salientes, hayan o no colaborado con su campaña. Y en tercer lugar, como bien expresa Homero Figueroa, Danilo, en su nuevo librito de mando, ojalá tenga un capítulo sobre la rectificación de excesos que cierran las instituciones a la oposición. Hay mucho más que hacer, pero nunca menos por un mejor país, pero para todos.

