DETROIT. No habrá un segundo beso entre Al Alburquerque y la pelota de béisbol. El aprendió su lección en la Serie Divisional de la Liga Americana del año pasado. Ellos, sin embargo, mantienen una relación turbulenta de larga duración.
Tal es la naturaleza de un relevista con un lanzamiento imbatible. Alburquerque es un lanzador derecho de alta energía y baja tensión cuya actitud en el batazo de Yoenis Céspedes de vuelta a sus manos lo hizo el centro de la controversia. Un año más tarde, él entra en la revancha frente a los Atléticos como la clave del medio del bullpen de Detroit. “Ocurrió”, dijo Alburquerque. “Fue la emoción del juego. Ahora mismo, no me acuerdo de eso, del año pasado, y ahora trato de ayudar a mi equipo para llegar a la Serie Mundial”.
Si el slider de Alburquerque está encendido, éste podría acarrear las altas esperanzas de post-temporada de los Tigres. Cuando su slider está trabajando de la manera que él quiere, esperando pacientemente por el momento adecuado para lanzar hacia la tierra, él hace que el lanzamiento luzca engañosamente fácil. El puede hacer un lanzamiento tantas veces como quiera y obtener el mismo resultado, como repetitivo en un juego de vídeo en el modo fácil. Parece un lanzamiento demasiado bueno durante demasiado tiempo para demasiados bateadores. Él tiene una bola rápida en las medianas 90, pero es un cambio de ritmo.
Lanzadores consumados pueden tener una buena carrera sin saber lo que es eso. “Nos reímos de eso”, dijo el relevista zurdo de los Tigres, Drew Smyly. “Él realiza 20 lanzamientos y tira 17 sliders, el bateador sabe que viene, y aún no puede batear. Es impresionante. “Él tiene la suerte de poseer un buen lanzamiento como ese. Ellos se sientan esperando la misma cosa cada vez y no importa, ya que si se tira uno bueno, no lo van a conectar. Cuando usted tiene un pitcheo como ese, se hace fácil confiar en él”. Y a veces, justo cuando parece que tiene los bateadores a su merced, Alburquerque pierde la sensibilidad de éste.

