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El “tirapuercos”

Es la más mediocre representación del clientelismo de Joaquín Balaguer, neotrujillista y déspota ilustrado, padre sin discusión de la política de la corrupción y el envilecimiento que se ejerce en el país.

 Tratante de influencias y cobrador de privilegios, Amable Aristy Castro utilizó los veintidós años de poder del caudillo de Navarrete para acumular una fortuna que se hizo grande.

 Se dice que es la principal figura de la provincia de La Altagracia, Higüey, donde manda y desmanda a su conveniencia al extremo de tener a su hija en la alcaldía y a otros parientes en los puestos que le dé su real gana.

 Ha sido elegido varias veces Senador por la provincia pero no ocupa la curul porque prefiere el manejo del presupuesto y la posibilidad de empleos de la Liga Municipal que negocia y usufructúa.

 La Cámara de Cuentas tiene varias auditorías que incriminan a Aristy Castro por malversación y disposición en su beneficio de esos fondos municipales pero desde el poder sólo se amenaza con publicarlas cuando amaga con alguna travesura que lo lleve fuera de los linderos del gobiernismo.

 Como candidato a la Presidencia alcanzó un 4 porciento del electorado, lo que redujo en ese porcentaje el anterior de 8 que, con Eduardo Estrella, había obtenido su “partido”.

 En su campaña se inauguró como “tirapuercos”, “tirapollos” y “tirasalchichones”, a falta de un discurso siquiera de dos temas y más de setenta palabras de vocabulario.

 En estos días, dejó a un primo “agarrándole” en la LMD para “juramentarse” como senador pero se dice que armará un “muñeco” de tráfico de influencia y de compra de respaldo para quedarse al mismo tiempo como legislador y secretario general de la Liga.

 Lo que no es de dudar dada la indudable fuerza electoral que ha demostrado en Higüey, asociación con “la virgencita de La Altagracia” incluída.

 Hoy por hoy, y a pesar de las pruebas de corrupción sin freno de funcionarios del gobierno que se presenta en frecuentes reportajes de televisión y prensa, Aristy Castro es el emblema  de la política de envilecimiento que impuso Balaguer como práctica entre los suyos y entre opositores que se han acogido a sus fructíferas enseñanzas.

 De acuerdo con los pedazos de auditoría en la LMD que se han dejado saber, y de acuerdo con el “rumor público” de su cosecha de veintidós años en los gobiernos de Balaguer, Aristy Castro está sub júdice por delitos o crímenes pero prófugo, amparado en el principio jurídico de que si no hay acusación, no puede haber culpable.

El Nacional

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