El envilecimiento de la política, de 1961 a estos días, arropa a mujeres como a hombres. Los segundos son los jefes de la corrupción y el clientelismo y las primeras son sus asistentes con voz pero sin voto.
Muchas de las mujeres que activaron en política en el primer decenio y medio a contar del ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo, justo es decirlo, tuvieron la previsión de lo que venía y dejaron la actividad.
Hasta en lo que queda de partidos y grupos de la izquierda revolucionaria, son contadas las mujeres que todavía participan, y siempre, como desde el principio, en los planos secundarios más insignificantes.
La conducta masculina frente a la mujer es la misma en todos los partidos, sin importar ideología ni tendencias, y lo fue desde la formación de los primeros grupos políticos.
La tiranía de Trujillo, que perdió su cabeza el 30 de Mayo, envileció a la mujer en la medida en que le dio posiciones políticas sólo pero con tareas de coro de sumisión, de celestinaje y7o de espionaje.
No se recuerda a una trujillista que se destacara en realidad por su labor política, y ocupara por ello una secretaría de Estado, una embajada, un consulado o cualesquiera otros puestos de relativa importancia. Y menos en el partido dominicano.
Trujillo no tenía siquiera un concepto elemental de la condición y dignidad de la mujer, de la que gustaba sólo como hembra y para las tareas de la cama y la cocina, en el ámbito doméstico, y para el celestinaje y el caliesaje en la política.
Si bien es cierto que hubo una reconceptualización de la mujer a contar de 1961, el grado de importancia de muchas de ellas en los partidos tuvo siempre que ver con que fueran esposas, novias, familiares o amigas de dirigentes.
Joaquín Balaguer, cuya mentalidad formada en los 31 años de la tiranía organizó en el poder al neotrujillismo desde 1966, durante su continuismo de doce y diez años y por el tiempo en que de manera principal influyó en la política para pervertirla y envilecerla, hizo también un uso convenenciero y aberrante de la mujer.
Con mayor discreción que cuando Trujillo, las más notables y beneficiarias entre las neotrujillistas-balagueristas dedicaron tiempo y consagración más a tareas de celestinaje e intriga personal y política que a la acción propia de la disciplina.
Sin embargo, no puede citarse a una sola de esas mujeres, mucho más apasionadas balagueristas que los hombres, en los altos niveles de enriquecimiento y corrupción de todos los balagueristas a los que Balaguer puso a ocupar y a lucrarse de las más altas posiciones del gobierno.
Esas mujeres, producto de una mentalidad que las desconsideraba y subordinaba para reducirlas a una condición y calidad casi iguales que las de los hombres, apenas pudieron echar manos de chilatas y miserias, aunque de unas y otras hayan acumulado hasta hoy fortunas más o menos respetables.

