Las revelaciones de ProConsumidor respecto de la calidad de los embutidos vendidos en el mercado dominicano, con sobradas razones han provocado un revuelo en nuestra sociedad. Los embutidos así como una cantidad sensible de productos alimenticios, son protegidos bajo el cuestionable propósito de preservar la producción nacional. No puede ser criticable que no se individualice a los infractores, cuando resulta evidente las fallas son rampantes en la mayor parte de la industria.
Seamos francos, si yo personalmente produjera un bien de consumo masivo con pocos competidores y protegido de importadores bajo el argumento de ser parte de la producción nacional, yo enfocaría la mayor parte de mi inversión en ampliar la producción y distribución del bien y gastarme mi dinero encima, siendo la calidad de ese producto uno de los últimos puntos en mi lista de prioridades. Mientras coloque mucho, esté en capacidad de deprimir mis precios si un competidor de mejor calidad trata de entrar al mercado, no habría razones para que mi forma de hacer negocios cambie.
Eso no es un secreto guardado en las bóvedas de la CIA, eso es un comportamiento de negocios muy bien documentado. Lo extraño es que se estuviera esperando que acá fuera distinto.
Los productores de embutidos actúan como racionalmente se espera que actúen dentro de un mercado protegido. Ahora, si nos vamos a indignar por algo predecible como que los productos de un mercado altamente protegido tienden a ser de baja calidad, pues los embutidos deben ser la menor de nuestras preocupaciones.
La mayor parte de nuestra tristemente célebre producción nacional opera dentro de mercados en condiciones no muy distintas a las de los embutidos. La cantidad de productores es limitada a un puñado de personas o familias, los mismos que están llamados a competir entre ellos están agrupados en una asociación empresarial, las importaciones están limitadas debido a aranceles elevados o directamente prohibitivos, y reciben asistencia directa o indirecta del Estado para sostener su producción.
No tengo razón para dudar que este tipo de situaciones pudieran repetirse en rubros como el arroz, el plátano, la leche, los jugos, las carnes, las habichuelas, las pastas alimenticias, los vegetales, el pan, el pollo, el cerdo o mejor aún, en la generación de electricidad, muebles, textiles , porque esos mercados no parecen operar muy distinto al de los embutidos.
Confieso que si alguno de los mercados antes citados y que componen parte del aparato nacional de producción opera distinto a los embutidos, estaré gratamente sorprendido, pero para ser honesto no pretendo apostar. La razón por la cual vender por debajo de la calidad razonable del producto se torna en una práctica rampante, es exactamente la misma por la cual se haría en la otra, y las condiciones ya están dadas.
Ya solo harán falta más informes de ProConsumidor para confirmarlo.

