Opinión

Algo más que salud

Algo más que salud

Cierta la huelga, más cierto aún que se nos puede agravar la epidemia de cólera con el recrudecimiento que ha experimentado la que diezma la población de Haití, también nos desnuda el que sigan cayendo carteles de la droga cuyo principal sitio de operación es nuestro país y que un poquito más lejos nos llega la certeza que ese Chávez venezolano, que es nuestro, de América y del mundo, haya iniciado una lucha más, ahora por sobrevivirle al cáncer, pero ninguno de ellos puede sustituir, como tema, la certeza terrible, agobiante, ineludible de la muerte de Facundo Cabral. Otro payador, Mi Serrat, lo dice en una de sus canciones: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Si, así es, lo lamentable no es que sea cierto que nos lo hayan matado, sino que no podamos remediarlo.

Algunos, sabiendo los afectos que sentíamos por Facundo, nos han dado el pésame, y es válido, porque independientemente de que no fuéramos familia y el viniera de las pampas argentinas, siento que algo de mi se fue con él. Los que aún aspiramos a vivir con decencia y sin abrazarnos a la maldad, hemos perdido un amigo, un hermano, un compañero.

Dondequiera que él ahora esté, espera que lo recordemos con alegría y esperanza, las mismas que nos inculcó desde aquel himno primero de “Pobrecito mi patrón piensa que el pobre soy yo” y frases como éstas: “Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos». «Somos hijos del amor, por lo tanto nacemos para la felicidad (fuera de la felicidad son todos pretextos), y debemos ser felices». «Si los malos supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían buenos, aunque sólo fuera por negocio». Hoy convertida en una elegía “algo más que salud”.

El Nacional

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