En la entrega pasada, titulada No soy perfecto, a propósito de una interpelación que me hiciera un lector en un ascensor, recibí respuestas como la de una lectora que dice: Supongo que somos muchos los que nos hacemos un «arqueo» periódico y pasamos balance a nuestras actuaciones. Sé que hay otros que actúan como si no se hicieran este ejercicio de reflexión. El tema sería, como trato de hacer yo, de no cargar con un sentimiento de culpa innecesario e inútil.
Pero también me escribió la persona que me cuestionó y me obligó a hacer ese arqueo a mi rumbo como ser humano. Cito el comentario de Bernardo Regino:
José: Con sorpresa, agrado y humildad leí tu columna del jueves 26. Agradezco el interés y respeto que tienes para con tus lectores y tengo la certeza de que si los que nos gobiernan tuvieran la capacidad de escuchar y atender a sus gobernados con la paciencia y tolerancia que tú lo haces, seguro que tendríamos un mejor país. Te anexo los dos párrafos que me inspiró tu positivo artículo. ¿Ya ves por qué prefiero leerte? Tu bondad de corazón al escribir sobrepasa la dureza que a veces muestras en la televisión. Cuenta con mi aprecio, Si gustas, puedes publicar las notas, que más que a ti, me justifican a mí por seguirte en tus escritos.
Leo El Nacional desde antes de que perdiera el apellido ¡de Ahora!, no sé si por viudez o divorcio, pero sigo fiel al vespertino que se mantiene como La voz de todos, porque tiene herederos de los Freddy Gatón Arce y Orlando Martínez, que analizan nuestra realidad con un microscopio y alma de poeta.
José Díaz confiesa que no es perfecto. Y qué bueno, porque nos ha dado una lección de humildad. Como su interpelador, he descubierto su lado humano. Tiempo habrá para moderar opiniones, con deseos de seguirlo encontrando en el ascensor, claro, sin interpelarlo. Quien más agradece estos comentarios es el ego del que escribe algo más que salud.

