Sigo obligado por la circunstancias a escribir sobre el fracaso de nuestro Modelo de Seguridad Social, evidenciado en su pobre cobertura (La secretaria ejecutiva del Senasa, doctora Altagracia Guzmán, dijo que 5 millones de personas, más de la mitad de la población, no tienen seguro médico), el alto grado de mercantilismo (el presidente de Andeclip, Rafael Mena, dijo que las ARS presionan a las clínicas para que no ingresen a pacientes que lo necesitan o les den la de alta antes de tiempo), y deshumanización ejemplificada por los negocios llamados ARS, que, además, según el presidente de una de las asociaciones de farmacias dice que éstas les exigen un 10% de lo vendido a sus afiliados de los míseros 3,000 pesos al año que les corresponden; por si faltase algo, la Sociedad Dominicana de Psiquiatría asegura que ninguna de las ARS quiere pagar por las atenciones iniciales, para diagnóstico de las enfermedades psiquiátricas, a lo que están obligadas. Esta dura realidad nos muestra que ese 45% que posee seguro familiar de Salud en cierta forma anda desprotegido, a la deriva a merced de unos emporios comerciales, cuyo único fin es hacerse ricos a costa de la desgracia ajena. La sociedad grita a coro porque las ARS sean excluidas de la Seguridad Social y que, más que celebrar el décimo aniversario de la promulgación de la Ley 87-01, lo que debemos hacer es ponerle un epitafio.
Arropado por el tema de las ARS no he comentado la payasada del desprestigiado Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa, presentado casos leves, que implican probablemente a tontos útiles de jerarcas intocables, es con la idea de que sepultar los grandes robos y de paso sacar a todos los pejes gordos involucrados en la red de Figueroa Agosto, entre los que no está el que hace algo más que salud.

