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Algoritmos que controlan el mundo

Algoritmos que controlan el mundo

Los algoritmos, cada vez más influyentes. Si estaba esperando que alguien le avisara cuando las computadoras se volvieran más inteligentes que nosotros, ponga cuidado.

No va a existir ninguna suave voz, como la de HAL 9000 (el ordenador de la nave espacial de la película «2001: Odisea del Espacio»), que nos informe que nuestros servicios humanos ya no son necesarios.

Contenido relacionado¿Quieres aparecer en Google? Necesitas buena ortografíaLa locura de los mercados: la economía es ya cosa de psicólogosEn realidad, nuestros amos electrónicos ya están tomando el control; y lo están haciendo de un modo mucho más sutil que el que sugiere la ciencia ficción.

El algoritmo

Detrás de todo ingenioso servicio web hay un aun más ingenioso código web: desde mayoristas en línea (que calculan qué libros y películas podríamos estar interesados en comprar) hasta el buscador de amigos Facebook y su servicio para etiquetar imágenes, pasando por los motores de búsqueda que guían nuestros pasos en la web.

Son estos procesos computacionales invisibles los que cada vez controlan el modo en que interactuamos con nuestro mundo electrónico.

En la conferencia TEDGlobal del último mes, el experto en algoritmos Kevin Slavin dio una de las charlas más impactantes del evento, en la que advirtió que «las matemáticas que las computadoras usan para decidir cosas» se estaba infiltrando en todos los aspectos de nuestras vidas.

Entre otros ejemplos mencionó los de un robot limpiador que mapea el recorrido óptimo para asear una casa y de los algoritmos financieros utilizados en los intercambios bursátiles en línea, que cada vez más se hacen con el control de Wall Street.

«Estamos escribiendo estas cosas que ya no somos capaces de leer», dijo Slavin.

«Lo hemos vuelto ilegible. Y hemos perdido la noción de qué es exactamente lo que sucede en este mundo que hemos creado».

El libro de los millonesLos algoritmos pueden ser más ingeniosos que los humanos, pero no necesariamente comparten nuestro sentido de la perspectiva: una falla que se hizo evidente cuando el código que asigna precios en Amazon fue a la guerra consigo mismo a comienzos de este año.

«The Making of a Fly» («La Creación de una Mosca»), un libro sobre la biología molecular de una mosca, desde que es larva hasta que se convierte en un insecto completo, puede ser una lectura interesante, pero ciertamente no merece un precio de US$23,6 millones.

¿Habrá vendido algún ejemplar a US$23,6 millones?

Esa es la cifra que alcanzó por unos instantes, debido a que los algoritmos que Amazon utiliza para fijar y actualizar los precios comenzaron a competir entre sí.

Es una pequeña muestra del caos que puede causar el hecho de que un programa se vuelva lo suficientemente inteligente como para operar sin supervisión humana, cree Slavin.

«Son algoritmos en conflictos, sin un adulto que los supervise», dijo.

A medida que el código se vuelve más sofisticado sus tentáculos van alcanzando todos los aspectos de nuestras vidas, hasta nuestras elecciones culturales.

Los algoritmos del sitio de alquiler de películas Netflix ya son responsables del 60% de las películas que son pedidas por sus clientes, a medida que nos volvemos menos dependientes de nuestras propias capacidades críticas y del boca a boca y más de lo que Slavin llama la «física de la cultura».

Las películas

La empresa británica Epagogoxi está llevando este concepto hacia su lógica conclusión: utiliza algoritmos para determinar si una película será exitosa.

Toma una serie de variables (el guión, la trama, las estrellas que actúan en ella, la ubicación) y las cruza con datos sobre las ventas de otras películas similares para determinar cuánto dinero generará.

El sistema, de acuerdo con el director ejecutivo de la empresa Nick Meany, ha «ayudado a los estudios a decidir si hacer o no una película».

Tal es el caso de un proyecto, al que se le había asignado un presupuesto de casi 300 millones de dólares, el algoritmo estimó que sólo recaudaría unos 50 millones, por lo que sencillamente no valía la pena.

Para otra película, determinó que la  estrella que el estudio había preseleccionado para el rol protagónico no redituaría más que si convocaban a una figura menos conocida.

El Nacional

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