La alternativa a lo imperante es inseparable del cambio del modelo neoliberal de dominación. El neoliberalismo es privatización de lo público y lo social, mercado como Dios de la economía, desprotección nacional (libre comercio y libre flujo de capitales), desregulación financiera, flexibilización para exprimir la fuerza laboral, egoísmo filosófico, comercialización de la política y contrarreforma institucional en pos de la democracia neoliberal.
El Estado delincuente y la narcocorrupción son consustanciales al neoliberalismo y se potencian mutuamente. El patriarcado, el racismo antihaitiano, el adultocentrismo, la homofobia -cada vez más endurecidos- son muy funcionales a él.
Quienes no enfrentan esos pilares del neoliberalismo, no actúan como fuerzas alternativas; como no son alternativos a la partidocracia quienes no asumen el reemplazo de las instituciones y las bases jurídico-políticas ajustadas a la reproducción del poder omnímodo del mercado, la gran propiedad privada y la corruptela política.
En ese sentido, discursos como los que exhiben las candidaturas de Guillermo Moreno-AP y Julián Serrulle – Frente Amplio, autodefinidas como de centro o centro-progresista, carecen de contenido impugnador; limitándose a atenuaciones de sus ejes ríspidos, promesas de limpieza ética, institucionalización, redistribución de ingresos, reformas fiscales e incentivos a la producción. La desprivatización, el desmonte del modelo neoliberal en su conjunto y la construcción de una nueva institucionalidad, no brillan en sus expresiones reformistas.
Más inconsistentes aún resultan candidaturas como las de Max Puig-APD y Eduardo Estrella-D x C, una recién salida del gobierno neoliberal y corrupto de Leonel Fernández-PLD (después de acompañarlo durante 11 años) y otra de las peleas internas del PRSC, sin ruptura con el pensamiento de Balaguer. Ambas limitadas programáticamente, la APD proclive a negociar con el PLD, como sectores del Frente Amplio a entenderse con el PRD y
Ser alternativo no es solo separarse del PLD, PRD o PRSC. Es confrontar el modelo y las fuerzas oligárquicas, partidocráticas e imperialistas. Es optar por la transición a una sociedad postneoliberal, desde la autodeterminación, la soberanía popular, la justicia y la democracia real.
