Editorial Opinión

Anarquía

Anarquía

El suceso en que murió un hombre en Villa Juana al ser embestido por un vehículo del Ejército que perseguía a unos motoristas que competían en vía contraria, expone la anarquía que caracteriza el tránsito en la ciudad. Ramón Antonio Báez Bueno, de 61 años, compartía con vecinos de la calle Moca casi esquina Ernesto Gómez cuando, según la versión de la Policía, fue impactado por la unidad militar.

Los motoristas, sin que con ello se quiera desatar una cacería de brujas, no solo son los principales protagonistas de asaltos, sicariatos y muchos actos delictivos que han aterrorizado a la ciudadanía, sino que circulan como dueños de las calles. Como si contaran con alguna licencia, se permiten desplazarse a contravía, sin casco protector; violar los semáforos y hasta ignorar a los agentes de la Digesett en las intersecciones. Con el servicio de los deliveries el desorden se ha agravado.

Más por la temeridad que por la elevada cantidad que se desplaza, los motoristas son las principales víctimas de accidentes de tránsito. Y es que circulan sin respetar límites, como se advierte en carriles reservados y en los túneles y elevados de la ciudad. En materia de imprudencia compiten con las infernales voladoras y los más desenfadados violadores. Frente a la ola delictiva que ha afectado al país se ha planteado, entre otras alternativas para enfrentarla, restringir la circulación de motores.

También te podría interesar: Cuadratura del círculo

El caso en que murió Báez Bueno es por lo menos un toque de atención para aplicar la ley a los motoristas. Las únicas víctimas no pueden ser los conductores de vehículos privados, quienes son multados hasta por llevar en sus vehículos una placa mal puesta, mientras los motoristas hacen y deshacen a su antojo.

El tránsito necesita orden. Los conductores no deberían estacionarse en áreas prohibidas ni saltarse las señales que regulan la circulación de vehículos. Pero a motoconchistas, deliveries, mensajeros y demás tampoco se les puede permitir desplazarse como chivos sin ley, poniendo en riesgo tanto su seguridad como la de las demás personas.
Alguien tendrá que poner el cascabel al gato.

El Nacional

El Nacional

La Voz de Todos