En pleno siglo XXI y ante la mirada indiferente de las autoridades, todavía el transporte de gran parte de los productos comestibles que consumen los residentes en el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo se realiza en decenas de caballos que se movilizan diariamente entorpeciendo el tránsito y ensuciando las calles.
Pero no sólo eso, los moradores de muchos barrios de la Capital, dependen de los caballos para la recogida y el transporte de la basura, los cuales, en su recorrido hacia los vertederos, van derramando aguas negras y dejando caer desperdicios sólidos por doquier.
También, las amas de casa esperan con la mayor naturalidad, el expendedor de tierra negra que llega en las mañanas y en las tardes a sus residencias para abastecerlas de ese producto, indispensable para embellecer sus jardines.
En los mercados, por ser un transporte más barato, esos animales hacen competencia a los camiones, las camionetas, los triciclos y los motores que, desde tempranas horas, se aglomeran en esos centros de expendio de comestibles.
Todos los días, a las 6:00 de la mañana, empiezan a llegar los caballos a los mercados de la Capital, donde son abastecidos de yuca, plátanos, chinas, vegetales y otros comestibles para luego recorrer las calles capitaleñas con sus grandes carretas cargadas hasta más no poder.
Ese medio de transporte de comestibles y desperdicios crea grandes trastornos en el tránsito de vehículos y de peatones, debido a la lentitud con que son conducidas las carretas tiradas por esos animales, en una ciudad en la que se movilizan miles de vehículo, a las mismas horas.
Los jinetes de esos cuadrúpedos son responsables de muchos accidentes que envuelven a vehículos y a peatones, ante el asombro y la indignación de una población que observa la indiferencia con que las autoridades tratan ese problema.
Marcos Polanco, miembro de la Sociedad Dominicana para la Prevención de Crueldad contra los Animales (Sodopreca), se queja de los malos tratos, los abusos y la explotación de que son víctimas los caballos.
El 90 por ciento de los caballos que circulan en la Capital son robados, en medio de una industria criminal que mueve miles de pesos mensuales, manifestó Polanco.
Cuenta que esos animales son alquilados por RD$300 y RD$350 pesos diarios.
A pesar del gran negocio que les rodea, realizan su labor en medio del hambre, la sed, la desnutrición y el dolor.
Al terminar una jornada de hasta 12 horas de trabajo pesado y cruel, los caballos son amarrados a un poste del tendido eléctrico con escasos alimentos y agua.
Fustigados con alambres del tendido eléctrico, garrotes, sogas plásticas, realizan su trabajo, a pleno sol, realizan su trabajo.
Pero además, les ponen aparejos inadecuados y grandes trozos de madera, que hacen más pesada su labor.
El caballo ha sido históricamente un gran aliado del hombre. En los tiempos actuales, bueno sería regular su tránsito en las ciudades.
Caballo
Los caballos llegaron a la isla de Santo Domingo en el segundo viaje de Cristóbal Colón, en el año 1493, convirtiéndose en el medio de transporte por excelencia durante más de 50 años.
Ahora, se considera inconcebible su abundacia en las ciudades.

