No parece que entre Juan Bosch e Hipólito Mejía haya similitudes, pero las hay. Bosch, escritor, tenía mucho de idealista, didáctico y llano al hablar. Fue presidente de la República durante siete meses de 1963. Mejía, profesional de la agronomía, gobernó durante el cuatrienio 2000-2004. Es llano por naturaleza en el uso de la palabra.
Quiero comentar dos acciones, una de cada mandatario. Aunque ocurridas con 38 años de diferencia, encierran gran coincidencia y sirven para aquilatar el aprecio de República Dominicana por sus relaciones con Puerto Rico. Se le valora como importante socio comercial y se le dispensa un especial trato diplomático.
El 27 de febrero de 1963, Bosch se juramentó como presidente de la República, tras ganar las primeras elecciones celebradas después del ajusticiamiento de Trujillo. Muchos lideres democráticos de la región estuvieron presentes. Entre ellos Luis Muñoz Marín, gobernador de Puerto Rico.
Por no ser Muñoz Marín un jefe de Estado, no le correspondía recibimiento con el himno de su país. Según me ha contado Diomedes Núñez, quien décadas después sería secretario de Bosch, el mandatario dilucidó el asunto y concluyó: “Bueno, de algo debe servirme ser el presidente” y dispuso que el gobernador Muñoz fuera recibido con las notas de La Borinqueña.
El estrechamiento de vínculos con Puerto Rico ha estado en la retórica de cada gobernante dominicano. Al presidente Joaquín Balaguer se le criticó que asistiera a la juramentación de Rafael Hernández Colon, en 1972, dada la diferencia de estatus entre el gobernador de un Estado Libre Asociado y el jefe de un Estado soberano.
«La República Dominicana y el pueblo de Puerto Rico tienen vínculos históricos de naturaleza indisoluble… ustedes han acogido en este país a nuestra gente y han fortalecido los vínculos que nos unen». Eso pudo haberlo dicho cualquier gobernante dominicano del postrujillato.
Lo dijo Hipólito Mejía, quien visitó Puerto Rico en junio de 2003 con una agenda repleta. El presidente dominicano recibió un informe sobre los principales logros de un acuerdo suscrito en diciembre del 2002, después que la gobernadora Sila María Calderón estuviera en República Dominicana.
Calderón visitó nuestro país en noviembre de 2002. Fue la ocasión en la que el presidente Mejía hizo algo similar a lo del presidente Bosch con Muñoz Marín. La víspera de la llegada, el encargado de Protocolo, Roberto Blandino, preguntó al mandatario si tocar o no el himno a la gobernadora. Mejía respondió: “Tóquelo y si hay que bailarlo lo bailamos”.