BUENOS AIRES (AP) _ Argentina considera un logro crucial la cancelación el viernes de la última cuota del bono entregado en 2002 a los ahorristas cuyos depósitos bancarios en dólares quedaron atrapados en el llamado «corralito», aunque analistas advierten que no significa el punto final de su desendeudamiento.
El gobierno de la presidenta Cristina Fernández ha hecho hincapié en los últimos días en la trascendencia de este desembolso de unos 2.300 millones de dólares del bono Boden 2012. En las dependencias del Ministerio de Economía, un reloj informa al público las horas que faltan para liberarse de la pesada carga financiera.
`El 3 de agosto no es un día más en el calendario de vencimiento de la deuda pública. Ese día los argentinos pagaremos la última cuota del Boden 2012 entregado durante el corralito, símbolo de la peor crisis económica y social de la que tengamos memoria», dijo el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, en un artículo difundido por la agencia oficial de noticias Telam.
El Boden 2012 fue emitido en febrero de 2002 por el gobierno del entonces presidente Eduardo Duhalde (2002-2003), tras eliminar la paridad de un peso por un dólar. Los ahorristas que tenían atrapados sus depósitos bancarios a plazo en la divisa estadounidense en el llamado «corralón», recibieron la opción de canjearlos por este título a 10 años de plazo o por pesos con una cotización del dólar muy inferior a la del mercado de cambios.
El «corralón» fue una prolongación del «corralito» instaurado dos meses antes y que suponía límites a la libre disposición de dinero en cuentas a la vista (corrientes y cajas de ahorro) a raíz de la fuga masiva de capitales del sistema financiero.
En los meses que siguieron a la instauración del «corralito» y «corralón» miles de argentinos se echaban a las calles y golpeaban cacerolas para exigir la devolución de sus ahorros retenidos en los bancos. Eran días de gran inestabilidad política –a fines de 2001 se sucedieron cinco presidentes en dos semanas– y la gente exigía «que se vayan todos» los que estaban en el gobierno.
Según el gobierno de Fernández, el pago del viernes demuestra la independencia económica lograda por su política de desendeudamiento alejada de «condicionalidades externas», que ha incluido dos canjes de deuda en 2005 y 2010 que permitieron rescatar 92,4% de los títulos en mora desde diciembre de 2001, cuando el país declaró un histórico cese de pagos por más de 100.000 millones de dólares.
Se estima que el Boden dejó de estar en poder de la mayoría de los ahorristas afectados por el «corralito», que lo vendieron a acreedores privados, en gran parte del exterior.
«Sólo por el Boden 2012, la cuenta que pagamos los argentinos demandó 19.600 millones de dólares», dijo Lorenzino. El ministro afirmó que Argentina ha demostrado que se puede salir de una crisis «sin ajustes» y destacó que «mientras nos desendeudábamos, crecimos al 8%». Agregó que «en 2002, la relación deuda PBI alcanzaba 166%, imposible de resistir… Hoy el peso de la deuda representa sólo el 41,6% del Producto Bruto» Interno.
«Es cierto que es un pago simbólico… pero no tiene trascendencia económica y no es el fin del desendeudamiento», afirmó a The Associated Press Fausto Spotorno, de la consultora Orlando J. Ferreres y Asociados.
Spotorno y otros analistas recordaron que en abril próximo deben pagarse 243 millones de dólares por la última amortización del Boden 2013, título al que accedieron ahorristas que no habían aceptado el Boden 2012.
Otro de los bonos pendiente de cancelación es el Par, por casi 17.000 millones de dólares, que se terminará de pagar en 2038 y corresponde al canje de deuda de 2005, señaló el economista.
El ex ministro de Economía Roberto Lavagna, artífice del canje de 2005, dijo a medios de prensa que la cancelación del viernes es una «operación normal presentada como algo extraordinario en medio de una economía que no está creciendo».
En tanto, Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica, dijo a la AP que «la deuda es un problema, pero no de la magnitud de tiempo atrás… Si antes era una mochila o un lastre, ahora sería un bolso de mano. No condiciona el crecimiento económico como lo hizo en el pasado».
Según Castiñeira «el desendeudamiento es un hecho. En 2013 sólo se necesitan 4.600 millones de dólares para el pago de la deuda en dólares», afirmó. «La deuda pública en manos privadas y organismos internacionales descendió en 108.000 millones de dólares entre fin de 2004 (cuando comenzó su reestructuración) y fin de 2011», para situarse en esa última fecha en 83.000 millones.
Castiñeira coincidió con Spotorno en que el problema real de la economía no es tanto lo que se debe sino el déficit primario (sin intereses) de 1,6% del PIB, porque «se financia emitiendo moneda» que termina generando más inflación, en la actualidad de 25% anual según economistas privados.
La deuda bruta reconocida por Argentina es de 179.000 millones de dólares; de ella, 83.000 millones es deuda neta con acreedores privados y organismos internacionales y no contempla la que tiene el Tesoro con otros organismos públicos del país, mientras que 9.000 millones es de las provincias argentinas», señaló Spotorno.
Economistas advierten que el país debe saldar los 7.500 millones de dólares que debe al Club de París, integrado mayoritariamente por países europeos, para poder reintegrarse a los mercados internacionales de crédito.
Además, según Spotorno «hay 11.200 millones de dólares de deuda de los bonistas que no aceptaron los canjes de 2005 y 2010» y que están en juicio con Argentina. Señaló que «en términos nominales la deuda creció, desde los 112.000 millones de dólares antes de la crisis a los 179.000 millones de ahora, aunque en su relación con el PIB bajó».
Para Arturo C. Porzecanski, académico de la American University, «es maravilloso ver que Argentina cancela su deuda, pero por cada dólar que está pagando toma prestado dos o tres en la otra ventanilla y cada vez más de su propia gente… No está pagando una tasa de interés de mercado».
La Unión Industrial Argentina manifestó en tanto su deseo de que luego de que el gobierno cumpla con el último pago del bono, se facilite el acceso a la moneda estadounidense, cuya venta en el mercado de cambios está sujeta a fuertes restricciones.

