Es una barbaridad lo que se pretende de entregar dos premios Soberano.
El máximo galardón de la premiación Casandra se quiere abaratar, disminuir en prestigio e importancia para complacer a gente y a sectores que de la única manera que pueden conseguirlo es si el galardón es puesto »en especial», como se propone ahora en una asamblea de la Asociación de Cronistas de Arte. De antemano me opongo, con el derecho y la experiencia que me asiste y atribuyo, como miembro y como tres veces presidente de la asociación. No es posible que después de 25 años de trabajo para sustentar y mantener los premios Casandra, de repente venga un grupo a plegarse a los intereses de sectores que de manera permanente han atentado contra el mismo, con toda suerte de disparatadas propuestas tratando de desvirtuar los fundamentos que le han dado singularidad a la premiación. Imaginense que en vez de elegir a un jugador más valioso en la Liga Americana se escojan dos; que se seleccionen dos Miss Universo, o dos presidentes de la República. Sería un absurdo igual o peor que el de dar dos Soberanos, con el sólo propósito de hacerlo accesible a gente sin méritos ni créditos en el arte que desde hace tiempo se creen merecedores del galardón. Ese «happy hours», de dos en vez de uno, es lo peor que se le ha podido ocurrir a la directiva de la primera mujer presidenta de Acroarte. Si la propuesta pasa en la asamblea, para la cual se hacen ciertos aprestos no muy claros, sobre la amiga Marivelle Contreras caerá la responsabilidad histórica de haber cualquierizado la premiación de El Soberano. Difícil será evitar luego el estigma, de que tenía que suceder en la presidencia de una mujer.
Lo mismito del año pasado
Lo de siempre…
Usted sale en la temporada navideña a preguntar cómo andan las ventas entre los comerciantes y buhoneros y la respuesta es la misma de todos los años pasados. Siempre dicen que están »flojas», lo cual se puede verificar revisando las publicaciones de pasadas temporadas. Ahora son algunas orquestas las que pintan un panorama tétrico diciendo que no tienen la cantidad de bailes vendidos que esperaban para las navidades. Pero si se fijan, las quejas provienen de las agrupaciones »estandar», no de las más populares. El grito es de aquellos que siempre han encontrado en las tradicionales fiestas navideñas la temporada ideal para tocar bailes y generar recursos que no han logrado durante todo el año. Es ahora o nunca, dicen esos grupos, algunos de los cuales reaparecen solo para tocar en la navidad. ¿A que el Torito ni Los Rosario se quejan de la cantidad de bailes que ya tienen contratados con las tarifas más caras del mercado? Eso se parece al alegato de algunos de que »el merengue está en crisis», cuando los que están en crisis son ellos, que no logran sintonizar con el gusto ni la preferencia de la gente. Pero, desde que se inventaron las excusas.

