Opinión

Arzobispo Portes y Santana

Arzobispo Portes y Santana

Continuando la famosa polémica (cuya primera parte fue transcrita en el artículo del pasado viernes), el presidente Santana expresa: “Señor arzobispo, repito a su Ilustrísimo que yo he jurado hacer observar las leyes del país. ¿Y los códigos están en vigor o no son representantes de la nación y el art 210?” ¡Sí, sí, sí, sí!, responden adeptos a Santana.

El señor arzobispo dice: “No, no, señor presidente, y varias voces intimas de Santana, responden con los repetidos “sí”.

El señor arzobispo, dirigiéndose a los representantes dijo: “Está bien, ya veo que esto estaba ensayado”. Santana respondió: “No, se equivoca señor arzobispo, el presidente Santana nunca usa tales medios”.

El arzobispo expresa: “Son herejes los que impulsen esas ideas”.

El  Presidente: “No señor arzobispo, yo procedo por mí; a mí no me influye nadie”. “Si herejed son los que no piensan como usted, todos seremos herejes, pero usted está en la obligación de jurar la constitución política del Estado”.

Y dice el arzobispo: “No señor, yo no juro esa Constitución maldita, esa Constitución herejía, me embarcare primero”.

-“Advierto que ya no hay hombre de fuerza, yo soy hombre del pueblo, y si el pueblo me dice vamos a lanzarnos por un despeñadero, yo me lanzo”.

Varias veces se levantan y expresan: “¡Viva el presidente de la República!

El señor arzobispo con valor y estatura moral contesta: “Bueno, embárqueme”, y Santana responde: “No, no señor arzobispo, yo no lo embarco a usted”.

-“Pues yo me iré”, y Santana presentándole un documento, le dice: “Bien, aquí tiene usted”.

 “Mi pasaporte, corriente: me embarcaré, y usted, señor presidente, tendrá que acordarse de mí”. En ese momento se retiró el arzobispo, acompañado de la comisión, aunque él la rehusaba.

Luego de muchas y terribles reflexiones y los males que su ausencia traería a la Iglesia, lleno del sentimiento de la cristiandad, el arzobispo olvida y perdona tantos agravios, fijándose el 4 de abril, pero sus dolencias le impidieron salir y en su nombre llenó la solemnidad, el presbítero Antonio Gutiérrez.

Al parecer, Santana pretendió reparar la violencia cometida con tan noble prelado, visitándole frecuentemente y ofreciéndole muestras de veneración y de respeto. Amigos del arzobispo no veían de buen agrado esas visitas de Santana, y uno de los fieles y viejos servidores de Portes, Manuel, nunca abandonó la casa de su amo, y a. ver a Santana subir las escalinatas acompañado de muchos oficiales armados, sintió ira y temor, perdiendo repentinamente la rzzón y corriendo a su aposento, puso fin a sus días.

El presidente Santana tuvo sus glorias y ello es innegable, pero también muchos errores y equivocaciones.

La verdad es el alma de la historia, 33 constituyentes participaron en la elaboración y afines de la Constitución de San Cristóbal, Ciudad Benemérita.

El Nacional

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