DAMASCO, 14 Jul 2012 (AFP) – Cientos de soldados asaltaron este sábado una localidad del sur de Siria, donde el presidente Bashar al Asad parece tener una «una licencia para nuevas masacres» dada la inoperancia internacional, según el secretario general de la ONU Ban Ki-moon.
Dos días después de la muerte de decenas de insurgentes y varios civiles en Treimsa, en el centro del país, calificada de «masacre» por la oposición, el régimen parece decidido a terminar con los bastiones rebeldes, en particular en Deraa (sur), cuna de la movilización contra Asad lanzada hace unos 16 meses.
Las tropas tomaron por asalto la ciudad de Jerbet Ghazalé en esta región sureña, asediada por las fuerzas del régimen, después de que los helicópteros bombardearan este sábado esta localidad.
Según el opositor Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), con sede en Londres, la represión causó la muerte de un mínimo de 28 personas este sábado, en particular en Homs (centro) y Alepo (norte)
Al menos seis personas, entre ellas una mujer embarazada y dos rebeldes, murieron en bombardeos y combates en Homs, en el centro de Siria, informó el OSDH.
La mujer embarazada perdió la vida en un bombardeo de la ciudad de Al Qusayr, en la provincia de Homs, y otras cuatro personas, entre las que figuran dos insurgentes, fallecieron en combates con el ejército o víctimas de disparos.
En Hama (centro), dos mujeres, un adolescente de 13 años y un policía murieron en la explosión de un coche bomba delante de un local de los servicios de seguridad militar.
El viernes, al menos 118 personas, en su mayoría civiles, murieron en la represión y los combates en Siria, principalmente en la provincia de Idleb (noroeste) y en la capital, Damasco, según el OSDH.
A causa de las restricciones a la prensa en Siria y de la decisión de la ONU de no contabilizar las víctimas es imposible obtener un balance independiente del número de muertos en el conflicto.
Según el OSDH, más de 17.000 personas murieron desde principios de marzo de 2011, cuando empezó una revuelta popular contra el régimen de Asad, que se está convirtiendo en un conflicto civil.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo el viernes que un fracaso del Consejo de Seguridad para presionar a Asad implicaría «una licencia para nuevas masacres», tras la matanza el jueves de más de 150 personas en Treimsa.
Ban Ki-moon dijo que el Consejo, dividido sobre si debe aplicar sanciones a Damasco, tiene que enviar «un mensaje fuerte a todos de que habrá serias consecuencias» si no se observa el plan de paz del emisario Kofi Annan.
El ex secretario general de la ONU, representante en Siria de Naciones Unidas y la Liga Árabe, dijo el viernes al Consejo de Seguridad que el gobierno sirio «desacató» resoluciones de la organización internacional con la nueva matanza cometida el jueves en el país.
Sin embargo, la oposición critica cada vez más al mediador, por considerar que no logra presionar a Asad como debiera. Así, manifestantes instaron el viernes a «retirar a Annan, lacayo de Asad y de Irán».
Por su parte, Teherán reiteró este sábado estar dispuesto a «desempeñar su papel» junto a otros países de la región para tratar de entablar un diálogo entre el gobierno y la oposición en Siria.
Irán, aliado de Damasco, propuso varias veces utilizar su influencia para ayudar a resolver la situación pero la oposición siria y algunos países occidentales y árabes, que lo acusan de ayudar militarmente al régimen, se opusieron a ello.

