POR: Fausto Araújo
faraujo22@hotmail.com
Aunque muchísimas naciones del mundo, empresas manufactureras, comerciales y de servicios de diversas índoles hace tiempo que vienen practicando e impulsando, con evidentes éxitos, el asociacionismo, hoy más que nunca este mecanismo constituye una extraordinaria estrategia, una oportunidad, para fomentar y asegurar la competitividad de los negocios y el desarrollo sostenido de los pueblos.
Además de la globalización, la tecnología y el conocimiento, también estamos en la era del fortalecimiento de la articulación, los encadenamientos productivos y el fomento de los clústeres. Es inocultable que hoy en día –en el período de las economías abiertas- participar de las organizaciones asociativas se ha convertido en una ineludible necesidad, no una preferencia subjetiva, por lo que debemos, cuanto antes, sintonizar nuestro dial con la tendencia que señale el contexto global, a los fines de realizar a tiempo los cambios y transformaciones que se requieren para avanzar.
La humanidad está inmersa en la promoción al máximo de la iniciativas empresariales, tanto individuales como asociativas, es por ello que la República Dominicana se afana por implementar una política de competitividad sistémica, con un enfoque meso económico, que fomente el desarrollo de clústeres en todo el país, la creación de un modelo organizacional para impulsar los centros empresariales de articulación productiva y el diseño de un programa nacional de proveedores industriales. En efecto, se impone como reto, la implementación de un programa masivo de clusterización a nivel nacional, en especial de la creación de los centros de acopio y las primeras redes de proveedores.
Dentro de esa corriente están el gobierno, el sector privado, y las academias, y es un mandato ineludible del Plan Nacional de Competitividad Sistémica (PNCS) 2007, de la Estrategia Nacional de Desarrollo (END) 2012 y del 2do Congreso de la Industria dominicana 2012.
Manos a la obra.

