Opinión

Autoritarismo y brutalidad

Autoritarismo y brutalidad

El 4 de agosto, la Policía dispersó a bombazos una marcha de  médicos. El día 7, agentes  la emprendieron a bombazos y pedradas contra periodistas que marchaban hacia el cuartel de Santiago en demanda de que sea esclarecido el asesinato, ocurrido hace un año, del camarógrafo Normando García y el taxista José Romero.

 El pasado viernes, tropas policiales enfrentaron a tiros a pobladores de El Peñón, Barahona, por demandar energía menos costosa y varias obras comunitarias.

El actual gobierno sigue la tradición  de enfrentar con violencia las manifestaciones de descontento de la población. Recurre a la brutalidad para imponer la injusticia.

 Franklin Almeyda dijo  en Higüey,  que no se puede permitir huelgas en  hospitales o en escuelas. ¿Pretende el secretario de Interior y Policía justificar con tan infeliz argumento la brutalidad y el abuso? Hay que preguntarle si tampoco se puede permitir marchas en demanda de obras comunitarias y piquetes en demanda de que sea esclarecido un asesinato.

Funcionarios con sueldos de cientos de miles de pesos llaman a los grupos profesionales y a los sectores populares a aceptar, sin protestas, bajos salarios y pésimas condiciones de vida y de trabajo. No se necesita otro elemento  para elaborar una definición de autoritarismo.

 En el marco del autoritarismo cabe la contratación de rompehuelgas,  un ejercicio  de clientelismo y una respuesta de funcionarios que paralizan, en forma silenciosa pero permanente, hospitales y escuelas  al no destinar a los sectores Educación y Salud los recursos necesarios.

   Almeyda no ensaya una justificación para esta situación. porque ha recibido el encargo de no reconocerla. Y, claro, persiste en el intento de hacerla invisible.

Hay que decir que las debilidades del movimiento popular no justifican la desigualdad y el autoritarismo.

Golpear al director del hospital Moscoso Puello (ocurrió el pasado lunes) y romper las tuberías del acueducto en Mao, (ocurrió el jueves),  son acciones que un dirigente popular o gremial con sólida formación política  no se prestaría a encabezar; pero resultan de la actuación de un gobierno  que se sirve de funcionarios retrógrados y  corruptos.

  Un gobierno que lanza bombas contra gremialistas y dispara a matar en protestas populares, es insensible y abusador. Fracasan quienes intentan lavarle la cara… Y muestran también su propio descaro.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación