A pocos pasos del impresionante Mar Caribe, teniendo como parte trasera el majestuoso Club Náutico Santo Domingo, y colindando teniendo al frente con el legendario ingenio Boca Chica, resalta por su destartalada y mugrienta estructura física la Biblioteca Municipal Miguel Angel Bueno, en el hacinado y diminuto poblado de Andrés.
De su surgimiento y funcionalidad cuentan que data de la dictadura trujillista cuando su local, originalmente ocupado por una congregación católica, se convirtió en un centro de lecturas por un considerable número de pobladores ávidos de lectura.
Derrocada la tiranía y al transcurrir del tiempo, el esplendor de lo que actualmente muchos de los residentes de Andrés, Boca Chica, se resisten en denominar biblioteca.
Cuando en 1996 comienza el proceso de privatización
de los ingenios del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), lo cual interrumpió el sostenimiento económico del referido centro de cultura.
A partir de ese momento, lo que originalmente fue concebido como un provechoso espacio para fortalecer y extender los linderos del saber se trastocó, como por arte de magia, en una horripilante ruina, sin más doliente que doña María Salomé Castro, especie de duende sonriente e incansable que, día a día, realiza encomiables esfuerzos en interés de superar las múltiples dificultades que en lo concerniente a imagen pública y al inservible equipamiento presenta el referido centro educativo.
A doña Mariíta, como cariñosamente es conocida en Andrés, su pueblo natal, luce que el tiempo y los sacrificios asumidos en su afán por materializar el sueño de dirigir una verdadera biblioteca se diluyen ante la indiferencia de los llamados a apoyar esa gestión.
Lo poco que permanece de la biblioteca a la cual ha dedicado los mejores años de su vida ha sido alimentos para polillas y carcoma que apenas han dejado como rastros algunos deteriorados libros, prácticamente inservibles y unos cuantos tomos de lo que representaba una edificante colección de diarios nacionales.
Visitar el obsoleto y ruinoso local de la biblioteca municipal es casi morir de grima o un espanto al observar con impotencia unos cuantos pavorosos anaqueles y destartalados armarios de metal sin utilidad alguna, al lado de dos roñosos escritorios, en medio de una sala espantosa en donde se olfatea un olor insoportable a excremento y orina, consecuencia del hurto de las bacinetas y los lavamanos en los estrechos cuartos de baños que, en otros tiempos, brindaban un valioso servicio.
Las sillas para los usuarios y empleados centro bibliotecario brillan por su ausencia, y del sistema de iluminación sólo quedan algunas lámparas sin bombillas que cuelgan de varios cartones podridos y carcomidos que hacen evocar lo que una vez fue un impresionante cielorraso.
Como elemento curioso y que pone en evidencia el estado calamitoso en que se encuentra esta biblioteca cabe destacar que en uno de sus rincones resalta la presencia de un destrozado mapamundi y un afiche que con aparente pretensión irónica subraya la lectura es cultura.
De igual modo, como si no fuese suficiente el tétrico panorama descrito, se conoce que hasta hace algunas semanas, al final de cada tarde y hasta las primeras horas del día siguiente, el local del establecimiento educativo servía de residencia a Papoy, uno de esos personajes pintorescos que pululan por sus calles sin más pertenencias materiales que las llevadas encima, cargado de quimeras que no transcienden más allá de alcanzar una porción de comida en un pestilente zafacón, realizar sus necesidades fisiológicas en un descuidado sanitario o simplemente, pernoctar en duro piso de un edificio abandonado.
El sueño de Mariita
El sueño de María Salomé Castro al igual que de todos los ciudadanos sensatos de Andrés consiste en que la biblioteca retome su esplendor y vuelva a ser un gigantesco faro de conocimientos principalmente para los niños, adolescentes y jóvenes.
Recuerda la humilde mujer que no es posible el desarrollo sociocultural y económico en una comunidad alejada del ejercicio de la lectura edificante y la realización constante de actividades que eleven el espíritu creativo y enaltezcan el alma humana.
Tengo la esperanza, ahora que vinieron unos emisarios de la síndico Joselyn Peña, que la biblioteca será reconstruida y equipada. Eso entiendo que se hará realidad muy pronto. Hay que transformar las palabras en hechos y no hacer como otros que prometen y no cumplen, destacó la expresiva señora.
Una de las llamativas singularidades que actualmente acusa la biblioteca consiste en el hecho de que muy pocos de los pobladores de Andrés, conocen la vida y obras de las personas a quien la institución cultural honra llevando su nombre.
La mayor parte de los moradores del poblado, incluyendo a Mariíta, quien asegura ser la responsable del cuidado y mantenimiento del centro, admite que no conocer en detalles los méritos del mencionado ciudadano, a quien algunos hacen referencia sólo recordando que era un buen caballero y gustaba mucho de la lectura pues siempre vivía acompañado de un periódico debajo de uno de sus brazos.
Un reflejo irrebatible del desconocimiento y el irrespeto que prevale en los actuales momentos en torno a la figura y el accionar de Miguel Angel Bueno, se observa en el abandono que proyecta la pequeña plaza contigua a la biblioteca, que lleva su nombre, levantada hace algunos años.

