¿Qué Pasa?

Brams y Mozart, obertura, concierto y sinfonía

Brams y Mozart, obertura, concierto y sinfonía

El tercer concierto de la Temporada Sinfónica 2016 de nuestra Orquesta Sinfónica Nacional de esta noche en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, contiene una pieza grabada en mi emotividad melómana. Esta es la segunda sinfonía de Johannes Brahms, un músico que mantuvo durante su vida una profunda admiración por Beethoven, especialmente por sus sinfonías.

Estas ejercieron gran influencia sobre sus obras del mismo género, sobre todo la quinta y la sexta.
Se dio la circunstancia de que estas fueron compuestas en breve tiempo, y algo similar ocurrió con la primera y la segunda de Brahms.

Incluso la quinta y la primera de estos grandes músicos están escritas en Do menor, algo que no se produjo con la sexta, en Fa mayor, pues la segunda de Brahms enmarca sus temas en Re mayor.
Pese a su fervor Beethoveniano a Brahms no se le hubiera quizás ocurrido ponerle nombre a alguna de sus sinfonías, como hizo aquel con su sexta, bautizándola como la Pastoral.
El dato viene a colación, porque escribió la que está considerada como la más hermosa, sencilla y reconfortante de sus cuatro sinfonías en una tranquila provincia austríaca rodeada de lagos.
En los escritos sobre la vida y la obra de Brahms, lo que más ha despertado mi interés es su extraña relación con Clara Schumann, pianista destacada esposa de su amigo el eximio compositor y pianista Robert Schumann.

Era tan estrecha la amistad entre ellos que Brahms le mostraba casi todas sus composiciones, aceptando sus sugerencias, generalmente acertadas.

Inicialmente protegido de Schumann, cuando este fue ingresado en un manicomio en años que antecedieron a su muerte, las relaciones con Clara se estrecharon, convirtiéndose para él en una especie de obsesión romántica.

Durante un tiempo sus encuentros fueron casi diarios, pero se vieron suspendidos cuando ella fijó residencia en Berlin, y Brahms en Hamburgo, aunque mantuvieron entonces una copiosa correspondencia.

Inmerso en la complejidad de sus sentimientos, y temeroso quizás de que una unión de pareja afectara su labor creativa, el connotado compositor le pidió a su amada lejana que rompieran sus cartas.

Ella lo complació, aunque conservó algunas de sus preferidas, por lo que hoy no se sabe con certeza hasta donde llegó la enigmática relación de estos dos talentos musicales.

El programa de este concierto se inicia con la Obertura de la ópera de Mozart Las bodas de Fígaro, una de las favoritas piezas del género del prolífico genio de Salzburgo.

Luego llegará el turno del Concierto para orquesta, flauta y arpa, del mismo compositor, donde la consagrada y talentosa primera flautista de nuestra sinfónica, la cubana Alaima González, se unirá con el mundialmente famoso arpista André Tarantiles.

Un excelente programa surgido de la labor combinada de los directores, de la Orquesta Sinfónica Nacional, José Antonio Molina, y del Teatro Nacional Eduardo Brito, Niní Cáffaro.

El Nacional

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