Opinión

Burgos, ex pelotero por violencia

Burgos, ex pelotero por violencia

A finales del año pasado, una desafortunada decisión de la Cámara Penal de la Corte de Apelación de San Francisco de Macorís, dispuso la libertad del pelotero Ambiorix Burgos M., alarmando al mismo presidente de la Suprema Corte de Justicia (SJC), quien solicitó públicamente una copia de la sentencia para iniciar una investigación.

Sin importar que los resultados de la pesquisa lo incriminaban seriamente por la muerte violenta de Josefina Minaya Martínez, de 38 años, y Angely Fañas, de 29, el tribunal de marras dejó en libertad al “matatán” y además, facilitó la entrega del vehículo propiedad del pelotero, una Hummer color blanca con la que cometió el crimen y no le puso ni impedimento de salida. Todo a pesar de los antecedentes registrados en la justicia de Estados Unidos y en la local, que lo descubrían como un masculino violento peligroso.

No importaron las declaraciones de testigos presenciales del hecho, que aseguraban entonces que Burgos M. conducía la yipeta Hommer de su propiedad, con la que, dicen, atropelló y destrozó a las dos mujeres, ni se hizo caso de la querella de la familia de las dos muchachas, asegurando el hostigamiento y acoso rechazado del pelotero a una de ellas.

En nuestro país, la pelota es una institución que envuelve a hombres jóvenes y a una niñez masculina que vibra con los peloteros y los asume como sus héroes, una situación que debiera tenerse en cuenta en las instituciones que tanto dinero ganan con el juego, sin dejar beneficios sociales a un país, como el nuestro, que se atiborra de “pan y circo” en época de pelota para beneficio de esos empresarios.

Como lamentáramos entonces: para el statu quo nacional matar a una mujer o a dos, no es un crimen grave, los acusados por delitos extremos son “menos imputados” cuando son poderosos, famosos y ricos, o hacen poderosos, famosos y ricos a otros; en el deporte nacional solo importa el proceso de producción de dinero; y al final, somos una banda de sinvergüenzas todos/as, capaces de cerrar los dos ojos, el corazón y callar.

Al terminar de mi artículo el año pasado, decía que, por la salud de la masculinidad dominicana, Ambiorix Burgos M. no podía retratarse ni con una pelotita de cinco cheles, y mucho menos asociarse al deporte nacional. Ahora digo que lo retraten mucho, pero junto al Tribunal Colegiado ese que lo liberó, todos juntos, con traje a rayas!…

El Nacional

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