El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez pidió a Cristo piedad para el pueblo dominicano en estos momentos de carencias y precariedades.
Durante la misa de Domingo de Resurrección, el prelado católico rogó por las almas de miles de mujeres asesinadas por sus parejas y por las personas con incapacidad para trabajar y obtener la alimentación.
El Sábado Santo, durante el Sermón de las Siete Palabras, la Iglesia Católica deploró la corrupción gubernamental y abogó por la paz, la justicia y la reconciliación entre los dominicanos.
El Sermón de las Siete Palabras fue pronunciado en la catedral por el diácono permanente José Miguel Puerta y los padres Antonio Méndez, Carlos Abreu, Miguel Ángel Amarante de Jesús, Sandy Adalberto Ramírez, William Fernández Villa y Martín Lenk, quienes destacaron los principales males que afectan al país, con duras criticas y reflexión.
Señalaron las deficiencias en el sistema educativo, tras indicar el incumplimiento en la entrega de la partida presupuestaria prevista por la ley, en el sector salud y en los servicios básicos como agua, luz y transporte.
Atribuyeron al narcotráfico, la corrupción en la juventud y la desintegración familiar en la sociedad.
El diácono Puerta, al pronunciar la séptima y última palabra Padre: en tus manos encomiendo mi espíritu, consideró que el despilfarro y la mala planificación no permiten una distribución más justa de los ingresos del país y señaló que las medianas y pequeñas industrias son sometidas al pago desproporcionado de cargas impositivas que las estrangulan económicamente, además de las dificultades para acceder al crédito cómodo.
La galopante corrupción donde la tolerancia ante el robo vulgar y los malversadores de cuello blanco, nos indican el poco interés y decisión para combatirla o protegerla mediante la inmoralidad de jueces y de quienes los sobornan, expresó Puerta.
Un apunte
Dios perdona la sociedad
Padre, perdona a esta sociedad, sin escrúpulos que busca ser movida por las pasiones, lo novedoso y las no complicaciones de sus actos. Ya no es nada pervertir, destruir y acabar con las conciencias rectas, expresaron los sacerdotes católicos en el Sermón.

