Opinión

Carta de los lectores

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Doscientos milloncitos

Señor director:

Tras el escándalo que produjo el nuevo cuestionamiento a los vehículos de lujo que ostentan diputados y senadores, atendiendo a los privilegios que les otorga la ley que ese mismo Congreso aprobó, la mayoría de  los congresistas han salido en defensa (como siempre) de tan insultante exceso. Casi todos ellos han minimizado el asunto. El presidente del Senado, hablando para la opinión pública dijo que solo son doscientos milloncitos de pesos los que el Estado deja de recibir por esa extravagancia. El doctor Reynaldo Pared Pérez entiende, y así lo hace saber, que doscientos millones de pesos es una chilata.

Él dijo la verdad, pues quien brega con tantos miles de millones de pesos propiedad de una institución y de sí mismo, asume que el monto en cuestión solo sirve para comprar golosina a los nietos o incentivar a unos cuantos seguidores políticos en zafra electoral y en tiempo muerto. Él no sabe que la sumatoria de muchos doscientos millones de pesos permite solucionar algunos problemas agobiantes para los más pobres y que con ese monto se les repararían las viviendas a cientos de hogares dentro y fuera de la cuadra donde él nació en Villa María, parte alta de la capital.

Con esa cantidad de dinero se superarían las imperiosas necesidades que están afectando los servicios del hospital Cabral y Báez, de Santiago, o se construiría la escuela del barrio 27 de Febrero, en el Distrito Nacional, una deuda de 39 años. Se comprarían furgones de  medicamentos y equipos para enfrentar el cólera. También serviría para mejorar la calidad de vida de cientos de reos de nuestras cárceles.

Con 200 millones de pesos, señor legislador, se auxiliarían los moradores de La Barquita, al borde del río Ozama, en Sabana Perdida y de los afectados con la expansión del Lago Enriquillo. Además, con doscientos millones de pesos multiplicados por diez, focalizados en diez dependencias del Estado, se elaboraría un plan de desalojo y construcción de viviendas para la gente de los lugares mencionados e inclusive La Cienaga del Distrito Nacional. La transparencia debería empezar por el Congreso Nacional. ¿O me equivoco?

Atentamente,

Lic. Santiago Martínez

Santo Domingo

El Nacional

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