Opinión


CARTA DE LOS LECTORES
El salario justo

<BR><STRONG>CARTA DE LOS LECTORES<BR></STRONG>El salario justo

Señor director:
Tras leer los esperados periódicos del Domingo de Resurrección, la más elevada fiesta de la liturgia y del dogma católico, pude constatar que ninguno de los predicadores del Sermón de las 7 palabras dedicó un párrafo, ni una línea al importantísimo y actual tema del salario  aunque,  en estos días, el Comité Nacional de Salarios discute la más baja categoría salarial.

 Se habla de salarios en plural. Así, un mensajero, un chofer, una archivista, un auxiliar de contabilidad, reciban un mismo salario mínimo, práctica frecuente en el país. No siendo igual el aporte de cada uno a la productividad y a la producción de la empresa.

Ante el marxismo, que anatematizó el salario como “concepto capitalista esencialmente explotador,” la Iglesia Católica alzó su voz y conceptuó como ético y válido el salario pero especifico: “el salario justo”.

El salario justo es aquel que retribuye al obrero su eficiente aporte a la empresa. Por eso aquí coincidimos con el sensato y experimentado empresario don José Luis Corripio Estrada, cuando dice que “el salario debe aumentarse cuando se aumenta la eficiencia del empleado,” Si no, no. Palabras que se cumplen poco en nuestro sistema y que estimularían el empeño y la calidad de la labor del empleado.

El sector laboral ha propuesto en el Comité de Salarios Mínimos la raquítica suma de 11.6% como base, que es el resultado del incremento de la inflación a partir del último convenio de dicho Comité.

Pero, como otra vertiente del valor del salario tienen que ser las necesidades mínimas para el sustento del empleado y de su familia, además del índice de la inflación se debe considerar también el aumento del valor de la canasta familiar del Banco Central. 

Esperamos que, en realidad, ese llamado aumento (que no es tal) del 11.6% sea simplemente una estrategia inicial y modificable del sector patronal para que nuestros valiosos dirigentes sindicales moderen sus contrapuestas, desde todos los puntos de vista, siempre exageradas. Ambas partes radicalizaron sus propuestas cayendo en un infructuoso diálogo de sordos.

El mismo sector patronal, ante la prometida inasistencia al diálogo por parte de los dirigentes laborales, llama ahora insistentemente al diálogo de nuevo. Ojalá se reinicie.

Porque el país no está para enfrentamientos  como huelgas y desórdenes. Por eso, la sensatez  debe primar.

Atentamente,

Francisco Dorta-Duque

Santo Domingo

 

El Nacional

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