Señor director:
En este país, todos los sectores que se niegan a aumentar los sueldos, encabezados, claro está, por el sector patronal, dicen que es inflacionaria un alza de sueldos y que no es posible que se produzca en cierta medida si no son despedidos miles de empleados que, hasta ahora, viven del salario que perciben.
No es cierto, sin embargo, que la gente esté pagando todo por un alto precio si en realidad no está ganando suficiente como para hacer frente a los costos que genera el simple intento de vivir con las necesidades básicas cubiertas y de disfrutar siquiera míniminamente de los encantos de un espectáculo o de un compartir con los demás.
Lo que sí es inflacionario es el desorden y la permisividad de los gobiernos con la especulación y el robo de los recursos de los que menos tienen.
En los colmados, por ejemplo, la venta de todo es a precios superiores a los que ya hay en supermercados y en otros establecimientos.
Esto significa que la gente pobre tiene que pagar adicional por ser pobre. Los colmados cobran la disponibilidad de mercancía al detalle, y es por lo que aún tienen clientes en nuestros barrios, porque ya ni siquiera es costumbre la venta a crédito para pagar a fin de mes, como hace décadas.
Y el Estado permite la especulación y hasta la protege.
Los llamados mercados populares son parte de un proyecto para tranquilizar a la gente, pero no es cierto que resuelven ese problema, porque son lugares localizados y hay que pensar que no todo puede comprarse allí.
Eso es con los alimentos, y si uno tiene la desdicha de enfermar, de padecer una enfermedad para la cual necesite medicamentos en forma constante, ahí es que la situación se complica.
Las atenciones dentales son un verdadero lujo, porque los miles de pesos no alcanzan para iniciar un proceso de tratamiento.
No es cierto que en este país todo está cubierto y que vamos hacia el progreso. Vamos camino a que quien no tiene largas uñas no podrá rascarse con ellas, y es difícil conseguir con qué hacerlas crecer.
Hay sectores que ponen precios y no tienen a quién rendirle cuentas. Eso de que la especulación es buena, es invento de dos o tres buitres para que lo crea la mayoría. No nos dejemos engañar.
Atentamente,
Julio Soto
Santo Domingo

