De canallas y canalladas
Señor director:
Para cuando se produjo el vil asesinato de Las hermanas Mirabal y su chofer, Rufino de la Cruz, el 25 de noviembre de 1960 contaba, el suscrito, justamente con la edad de 13 años, 6 meses y 20 días; entonces, en mi condición de joven adolescente, no pude percatarme de la execrable y ruin magnitud del hecho. Es meses después cuando escucho, fortuitamente, una conversación que tiene lugar en la cocinita techada de yaguas de mi hogar materno, entre mi madre, Consuelo López, y mis tías Anadina y Nena; ellas, oriundas de San José de las Matas, se referían a las maldades de Trujillo y sus secuaces, remontándose al inicio de la tiranía empezando con el doble asesinato ocurrido y perpetrado el primero de junio de 1930 en las personas del médico y político, este enfermo, Virgilio Martínez Reyna y su esposa embarazada, Altagracia Almanzal Fernández, en una colina de dicho pueblo, crimen cobarde llevado a cavo por tres bandidos al servicio de José Estrella, apodado Pata de Palo o El cojo de La Herradura estos asesinos respondían a los nombres o motes de Onofre, Pichilin y Juan Camilo y cometían sus fechorías a la sombra de la noche y con sus caras tiznadas para ocultadas de la mirada acusadora del pueblo que algún día habría de pasarles la cuenta por sus horrendos crímenes; vale decir que estos tres personajes vivían en los alrededores de mi hogar, precisamente por donde se producía la mentada conversación y que eran bien conocidos y repudiados por la muchachada del barrio, pues solían acosarnos de mala manera cuando osábamos jugar o marotear próximo a sus hogares. Así que mi madre y mis tías continuaron imbuidas en dicho coloquio hasta llegar el caso horripilante del asesinato de Las heroínas de Salcedo y su chofer; se lamentaban ellas de la burlesca intención del bTirano de convertir un vulgar asesinato en un simulacro de accidente… pretensión malsana, pero vana, pues todo el pueblo, aunque sumergido en la oscuridad y el miedo a que era sometido, conocía de la entereza y el valor de las mariposas de Salcedo, así como de la capacidad criminal del sátrapa de San Cristóbal y sus acólitos sicópata.
Esos hechos en si resultaron y son dolorosos en la historia ensangrentada y enajenada durante 31 años de satrapia trujillista; pero lo que realmente molesta y al mismo tiempo hiere la conciencia del Pueblo Dominicano.
Atentamente,
José Antonio López
(El Che)

