Nacionales haitianos pidiendo en las calles de santo domingo con niña en brazos Fotos: Carmen Suárez/acento.com.do Fecha: 26/05/2012
Señor director:
Con frecuencia se observa en cualquier calle a personas que piden diez pesos para completar un pasaje, o para comprar una botella de agua, para comprar un medicamento recetado, o simplemente para comer algo.
En muchos casos se trata “avivatadas” de gente que se gana la vida de cualquier manera, trabajando o engañando. Es una especie de pedagogía de la subsistencia, muy común.
Otros se ganan la vida solicitando dádivas, simulando estar enfermos o discapacitados, o mediante la solicitud de limosnas acompañando a un minusválido, o a un niño muchas veces alquilado para tales propósitos.
Pero en los últimos meses es mucho mayor la cantidad de personas que piden ayudas en las calles. Entre esas personas hay gente de cierto nivel educativo, o de cierta formación que al parecer no acostumbra a pedir dinero ni dádivas en las calles.
Al parecer muchas de éstas personas no tienen esperanzas de mejoría o parecen adaptarse a la vida que llevan. Muy dura por cierto.
En las instituciones del Estado se observan otras personas que aunque tienen un empleo fijo, mal remunerado, también viven una situación de desesperanza, como si las posibilidades de mejoría no existieran para ellas.
Son aquellos empleados que empeñan sus tarjetas de cobro, para que el prestamista se cobre del sueldo que le depositan, que toman dinero prestado al “módico 20 por ciento”, y que tienen deudas con “las once mil vírgenes”.
Así anda el país, mientras en otras instancias los sueldos son altos, la gente cena o almuerza una o dos veces a la semana “fuera de casa”, disfruta de fines de semanas en resorts, y cambia muebles y vehículos todos los años.
También disfrutan de las cotosas presentaciones de artistas y los espectáculos en Alto de Chavón, de los desfiles de moda, y acude al médico cada seis meses para hacerse un chequeo general.
Lo deseable es que toda la población lleve una vida sana, productiva y sin sobresaltos de ninguna especie para que el país avance. Pero lamentablemente no ocurre así.
El avance de nuestra economía solo se ve en los periódicos, pero no llega a La Zurza, Gualey, La Ciénaga, Guachupita, donde los pobladores conviven con la basura, las aguas negras y una gran cantidad de bancas de loterías, bares y centros de diversiones.
No debemos vivir de espaldas a esos sectores que hoy viven en la desesperanza.
Atentamente,
Fiordaliza Cruz
