¿Educación?
Señor director:
No toda persona que estudia pedagogía conoce el significado de esta palabra. Elaborando una conclusión para un trabajo práctico de la universidad, llegué a esta verdad, dolorosa pero cierta.
Analizando a diferentes estudiantes que han sido compañeros y otras personas que ejercen la virtuosa profesión de maestro, me he dado cuenta tristemente de que la educación, si bien es cierto necesita un empuje económico como lo es, el cuatro por ciento, también le urge una limpieza concienzuda.
Imagínese usted un maestro que tenga faltas ortográficas y hable peor que un semi analfabeto, ¿horroroso verdad? Conozco uno así.
Piense en una maestra de preescolar que se graduara Summa Cum Laude y no conoce la tabla de Piaget, el sistema Pestalozzi o la labor pedagógica de Hostos en nuestro país. Pero eso no es todo, su vocabulario es paupérrimo.
Conjuga los verbos de manera extraña: tamos tábanos, etábanos, imagínese usted cómo hablarán los niños si se les enseña de ese modo.
Preocupante es conocer a una maestra que da clases y ni siquiera es educadora a nivel de instituto, solo porque pertenece al partido de gobierno en turno y le dieron esa plaza como premio.
¿Cómo puede la educación de un país no irse al traste si quienes estudian la carrera de educación lo hacen porque no son buenos para nada más?
Miles de ejemplos te ponen a examinar que es en realidad lo que le falta a nuestra educación para ser exitosa.
La educación necesita empuje económico, pero le urge tener verdaderos maestros, con vocación, necesita que el Estado no elabore reformas y planes decenales que se quedan en teoría, sino que las lleve a la práctica.
Desde la época de Balaguer se elaboran planes decenales que solo han servido para llenar los ojos y oídos de aquellos a quienes les encanta escuchar parrafadas sin valor práctico.
Estoy a favor del cuatro por ciento, pero no para subirles los sueldos a los maestros que entre comillas imparten docencia en las escuelas públicas y privadas sin tener idea de la importancia de su papel en la sociedad.
Me vestiría de amarillo y negro. Amarillo para que se le dé empuje económico al sector educación y negro para guardar luto por la muerte de la señora llamada vocación de servicio.
Atentamente,
Rosa Estévez
Estudiante de la UASD

