Opinión

CARTAS DE LOS LECTORES

CARTAS DE LOS LECTORES

¿Cámara de gas?

Señor director:

En las sociedades democráticas, donde el Estado es garante de lo correcto e institucional, el escrutinio del uso de fondos públicos es algo normal.

Existen normas prudenciales, parámetros, conciencia ciudadana y comportamiento ético y cívico de los funcionarios públicos, conscientes de que, si no transitan “por la línea”, si traicionan la confianza del Ejecutivo que los designa, no hay otro camino que purgar las  penas establecidas por las leyes.

Pero jamás esas normas y valores van atados a que los que ejercen funciones públicas cedan a la extorción, el chantaje y el tráfico de influencias a favor  de quienes deben fiscalizar sus actuaciones.

En nuestro país existen, para llevar los controles y fiscalización de la función pública,  la Contraloría General de la República y la Cámara de Cuentas. En el caso de la Contraloría, en la casi totalidad de las instituciones que manejan fondos públicos hay auditores que velan por el cumplimiento de las normas procedimentales establecidas por las leyes para el uso de los recursos del erario.

Podrán existir quejas por la rigidez con que, en ocasiones, actúan esos auditores, ya que la unanimidad y el consenso son muy difíciles, pero las opiniones generalizadas sobre esos servidores públicos es que trabajan por el librito, a veces son muy estrictos, pero cumplen con su deber en  defensa del interés público.

De la Cámara de Cuentas, ahora se conoce la existencia de un equipo de auditores al que ya mucha gente identifica como El Escuadrón de la Muerte, porque se les envía a escudriñar con saña, bellaquería y mala fe, a entidades donde hay funcionarios que no ceden a presiones ni chantajes para satisfacer tráfico de influencias y petulantes peticiones indecorosas, indecentes, indignas en procura de favores repugnantes y que violentan las más elementales normas éticas del ejercicio público.

Más que una Cámara de Cuentas, en el edificio que el pueblo bautizó con el nombre de “el huacalito”, lo que existe es una pretendida cámara de gas, instrumento funesto, de triste recordación para la humanidad y la sociedad democrática.

Es tiempo ya de desenmascarar a  farsantes que “se venden” cómo ejemplo para los demás, pero su mal proceder es “casi” patológico y  genético. Ahí está la historia contemporánea de nuestro país, que los pone al desnudo.

Atentamente,

José Vicente Calderón R.

Periodista.

El Nacional

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