Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Avenida Máximo Gómez

Señor director:

Me opongo tenazmente al oprobio inescrupuloso que se pretende infringir al nombre del Generalísimo Máximo Gómez Báez despojando parte de la avenida de su excelso nombre: ¡Como si la gloria se pudiera compartir como un pedazo de queso!

Ábranse, más bien, las aguas del mar Caribe para ensanchar una autovía que llegue a todos 105 océanos proclamando la gloria del Libertador de Cuba.

Hago este reclamo en mi propio nombre y en el de mi familia, vivos y difuntos, dada la amistad y compenetración entre mis ascendientes y e1 Libertador de Cuba.

Mis dos tíos abuelos, el coronel médico  Matías Duque Perdomo, y el comandante Antonio Duque y Perdomo, ambos civiles, cerraron filas en el Ejército Libertador en cuya jefatura se erguía el ínclito banilejo. Ambos a sus veinte años quemaron la caña de sus padres y destrozaron su ingenio en San Antonio de los Baños al oír la consigna de Máximo Gómez de destruir la economía de la isla con las palabras: ¡Tierra arrasada!

En mi hogar se conserva o se conservaban (¡Oh desgracia de mi pueblo!) dos reliquias patrióticas: un puñal de oro, obsequio del Generalísimo a Matias-Duque en reconocimiento de su valentía al hacerle frente al mismo Máximo Gómez en  agria discusión en que se pensaba terminaría fusilado. Y otra, una carta del Generalísimo a mi abuelo, Juan Dorta y Alonso. porque, al revés de otros,  cumplió su palabra  de entregar al Ejército Libertador para su sustento las vacas prometidas.

El espíritu de Joaquín  Ba1aguer se levanta indignado desde su tumba ante tal impensado atropello.

Para conocimiento de los advenedizos, que se incorporaron tardíamente al carro reformista, Joaquín Balaguer desprecia en grado tal las honras, materiales del mundo hipócrita que sepultaba, como chatarra sin valor, todas sus merecidas condecoraciones en un viejo baúl en una esquina de su aposento.

Deténgase esa ignominia. Presten oído a  Balaguer que escribió en su genial libro: “Próceres Escritores” que Máximo Gómez poseía una personalidad desmesurada y hoy pretenden, tal vez por angucias politiqueras, minimizar el tramo que se hora con un nombre que “depertó la epoyeya de América que dormía; al decir de Enrique Deschamps.

Calle esa voz. Retorne la sensatez.

Atentamente,

Francisco Dorta-Duque 

Santo Domingo

El Nacional

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