La viajera
Señor director:
Leí en estos días que aparecieron en una pocilga varias decenas de cédulas votadas que indicaban la compra evidente de votos.
¿Y cómo saben quién está originalmente a favor o en contra del candidato? Lo importante es que a uno, seguidor del candidato contrario, no se le desperdicie la cédula. Mejor es que hay que cambiar el voto del elector para que vote por vuestro candidato.
¿Cómo hacerlo? Lo explico aquí como fenómeno sociológico electoral.
En mi primera adolescencia oí hablar del método la viajera. Como nadie sabe por quién va a votar el que está al frente de la urna, si usted a la entrada del colegio no está seguro de por quién votó, el elector pierde su dinero, antes o después, porque nunca sabrá por quién realmente votó la persona a quien usted le pagó por su voto.
Por el método de la viajera, el comprador se sitúa cerca del colegio, con la mayor discreción y lleva en sus manos una boleta inválida de las que publican los periódicos. Llega al primer votante y le entrega la boleta inválida para que la deposite y le traiga limpia, sin cruz ni señal, la boleta válida que le entregaron. Entonces recibe su paga.
Entonces el comprador marca una cruz en el candidato de su simpatía, persuade a otro elector en la fila a que lleve oculta la boleta válida que le entregó al anterior, y le explica que debe introducir en la urna la boleta marcada que él le entrego y para recibir su recompensa tiene que entregarle la boleta válida que recibió en el colegio.
Y así prosigue, hasta que el comprador llene el cupo que le fue asignado. Vuelve a entregar una boleta y recibe una boleta válida que señala y la entrega a otro.
Con este método, no hay posibilidad de que el voto no vaya al candidato de su preferencia.
El elector puede dañar la boleta marcada, pero tras el conteo se sabe que esta eventualidad no se cumple generalmente.
Así la viajera se la pasa desde la acera a la urna y desde la urna a la acera. Repudio con todas mis fuerzas, por inmoral, corrupto y anticívico este método.
Pero se me ocurrió publicarlo para satisfacer la curiosidad del lector en estos días postelectorales.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
Santo Domingo

