El pulso de Melanio
Señor director:
Un ciudadano, que posee un minucioso pulsímetro, anda corriendo detrás de Melanio, que brinca del lío de los niños intoxicados hasta el lío de los maestros sin hogar, y consulta con su Departamento Legal para meter preso a Ladom. Intenta saber qué fuerza tiene el pulso de Melanio.
Desde luego, no es tan fuerte como el que admiramos de aquel líder magisterial que retumbaba en la conciencia ciudadana reclamando mejoras mínimas para el sistema educativo. Se debilitó cuando alcanzó el poder, investido de Ministro de Educación, y no exigió a su propio gobierno el 4% de PIB para Educación.
Afirma, que no le temblará el pulso para que los centros de educación privada asuman sus responsabilidades.
¿Qué mayor responsabilidad pueden asumir los centros de educación privada?
¿No sabe el Ministro que por la falta de una, al menos mediana educación pública, los padres de familia de escasos recursos, (los pobres del país) limitan a su familia cada día su comer, su vestir y su entretenimiento para poder mandar a sus hijos a una escuela privada del sector porque reniegan de la deficiente educación pública?
El estudioso, a la vez que docente presidente de la Federación Nacional de Centros Educativos Privados (FENACEP), Fauntly Garrido, expresó en mi programa de televisión Vistas Públicas que se debía crear una Superintendencia de Educación o una Dirección General paralela al Ministerio de Educación para que se encargara de todas las actividades paraescolares que agobian al ministro de Educación y le ocupan la mente y tiempo hasta el punto que le impiden ejercer a plenitud su función.
Siempre nos hemos manifestado en contra del abuso crónico de aquellos centros que aumentan sus tarifas año por año. Hemos criticado a los centros privados que aumentan el costo de los textos hasta cambiarlos, a veces de año en año, para que no puedan ser usados por los alumnos del año siguiente.
Pero se hace necesario demandar mayor respeto del ministro de Educación y un correcto reconocimiento de los centros privados que tienen un derecho inalienable a ejercer la docencia porque poseen el conocimiento necesario y la voluntad de difundirlo.
Que el Ministro no grite ahora que, a lo mejor, a la hora de la verdad, se le puede, otra vez, caer el pulso.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
Santo Domingoç

