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Chicago despierta después entre aliviada y humillada

Chicago despierta después entre aliviada y humillada

CHICAGO, (AFP) – Un día después de haber sido eliminada en la carrera por la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, los habitantes de Chicago amanecieron este sábado con sentimientos encontrados de alivio y humillación, y achacan a diversos factores la causa de la derrota.

 Para miles de personas en Chicago, sobre todo políticos y empresarios locales que se frotaban las manos pensando en los jugosos negocios que tendrían por delante, la eliminación de la ciudad cayó como un jarro de agua fría.

 La humillación es todavía mayor por haber quedado fuera del baile olímpico en la primera ronda de votación. Hace siete años Nueva York, su némesis histórica, llegó al menos a una segunda vuelta para la sede del 2012.

 Empero, para un gran por ciento de los ‘chicagoeans’ -como llaman a los ciudadanos de esta urbe-, fue un alivio verse libre de las cargas impositivas que podrían caerles encima antes, durante y después de los Juegos.

 «Seguramente los contribuyentes estuvieron preocupados por tener que hurgar en sus bolsillos para pagar el costo excesivo de los Juegos Olímpicos. Sólo para que los políticos puedan repartir el ‘oro olímpico’ entre sus amigos», escribió un columnista del Chicago Tribune.

 La no unanimidad en el apoyo del pueblo de Chicago fue uno de los puntos flojos de su candidatura, en contraste con la entusiasta adhesión que tuvo el ideal olímpico en Rio de Janeiro, Madrid y Tokio.

 «Unos Olímpicos en Chicago 2016 hubieran dado siete años de historias de corrupción, siete años de un alcalde explicando no saber cómo ciertos amigos suyos se hicieron con los grandes contratos», apuntó el analista político de Chicago John Kass, en un artículo para un diario local.

 «La eliminación de Chicago fue una pérdida devastadora para columnistas y reporteros de investigación», ironizó Kass.

 Chicago marchó con tejado de vidrio a la guerra silenciosa de cabildeos y consultas que se realizaron fuera de la sala de conferencias del Centro Bella en Copenhague.

 Es cierto que contó con la presentación in situ del presidente Barack Obama, quien hizo un vuelo de última hora para apoyar la candidatura, pero a los ojos del COI hubieran quedado mejor Michael Jordan y Tiger Woods que la primera dama Michelle Obama y Ophra Winfrey.

 El reverendo Jesse Jackson, uno de los primeros en reaccionar a la derrota de Chicago, lo sintetizó en una frase: «Algo falló. Hicimos una guerra del aire. Tal vez perdimos la guerra de tierra».

 Rio de Janeiro tuvo en Copenhague a dos estrellas mediáticas como el presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva y el ‘Rey’ Pelé. Madrid contó con el Rey Juan Carlos, ex atleta olímpico, y el siempre perdurable Juan Antonio Samaranch, un ex presidente del COI aún con mucha influencia en ese organismo.

 El factor Samaranch fue, según medios estadounidenses, pieza clave para dejar a Chicago fuera del pastel en la primera ronda de votaciones.

 «Caímos víctimas del ‘Samaranchcidio'», tituló este sábado uno de sus artículos el Chicago Tribune.

 «El ex presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, a sus 89 años, jugó sucio, diciéndole a los votantes durante la presentación de Madrid, que estaba ‘muy cerca del final de mi tiempo’ y debían concederle el regalo de la sede», apuntó el diario.

 Los hechos demostraron que las aspiraciones estadounidenses estuvieron basadas más en suposiciones, y una gran cuota de arrogancia, que en aspectos prácticos.

 «Chicago nunca tuvo chance de ganar la sede de los Juegos Olímpicos de 2016», aseguró a un diario neoyorquino Dick Ebersol, presidente de la cadena televisiva estadounidense NBC, que adquirió los derechos de transmisión de los Juegos Olímpicos desde el 2000 hasta el 2012 por una suma de 5,7 mil millones de dólares.

 El reparto de esa cifra trae de los pelos al USOC y al COI, que exige una parte mayor de la tajada que actualmente recibe.

 Las eliminaciones de Chicago y Nueva York podrían interpretarse como un castigo de la cofradía olímpica, que con un mano otorga sedes y con la otra exige el pago correspondiente.

 

El Nacional

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