Confieso que por razones obvias, en los últimos años no he visto muchas películas latinoamericanas. He de agradecer, sin embargo, la gentileza del buen amigo Alex Quezada, quien cada vez que tiene oportunidad me hace llegar uno que otro de esos títulos de los que uno no espera nada, puesto que no los conoce, y a menudo terminan por producir una grata y memorable impresión.
Fue así como me encontré un día presenciando El Hombre de al Lado. El film tiene un planteamiento tan elemental y simple, como extraordinario: Leonardo (Rafael Spregelburd) es un diseñador presumido que vive con su esposa y una hija adolescente en el exclusivo y singular apartamento Curutchet en La Plata, Argentina, diseñado por el prestigioso arquitecto suizo- francés Le Corbusier.
Cuando en el apartamento contiguo, Víctor, (Daniel Aráoz) un vecino amistoso pero tosco e intimidante, abre un hueco porque quiere instalar una ventana, para recibir un poco del sol que a Leonardo le sobra, según dice él mismo; estalla un conflicto que presagia pausada, pero irremisiblemente una solución poco amistosa.
En su mayor parte, la trama de la película discurre de forma ligera y fluida, sin la complejidad psicológica de una historia oscura, retorcida y cargada de giros dramáticos. Sin embargo, aunque esto crea una sensación de superficialidad narrativa, El Hombre de al Lado está muy lejos de allí, y su guión refleja no sólo un cuidado y una precisión asombrosos, sino que el film termina erigiéndose en una sátira social sobre la división de clases y la convivencia ciudadana.
Y si el guion es formidable, el cual está revestido de un humor negro que aturde y una serie de gags efectivísimos y bien dosificados, donde la película alcanza el pináculo es en las actuaciones de los dos personajes centrales. Daniel Aráoz y Rafael Spregelburd son el alma y bastión del film, y lo que ofrecen ambos son unas magnificas y cautivantes caracterizaciones.
Desafortunadamente, en su tramo final la película se les va de las manos a los realizadores Mariano Cohn y Gastón Duprat notable labor de ambos de todas formas lo que origina que el film pierda consistencia y fortaleza en su resolución, al revelarse su conclusión como precipitada y acomodada, a pesar de que a la producción le sobran unos cuantos minutos.
Inteligente y convincente, El Hombre de al Lado, cuenta además con unos efectos de sonido y una labor fotográfica, en la que unas diestras angulaciones buscan enfatizar la personalidad arquitectónica del apartamento, sencillamente admirables.

