Así sí es bueno
Con los 1,053 millones 800 mil pesos que han recibido los senadores en los últimos cinco años por concepto del infame barrilito se habrían resuelto muchos de los grandes problemas que afectan a la población en materia de salud, educación o seguridad. Pero los legisladores, que no pueden patentizar los beneficios de los recursos como no sea en función del clientelismo político o el parasitismo social, han defendido con uñas y dientes los afrentosos e ilegales fondos públicos.
En uno de los diálogos promovidos por el entonces presidente Leonel Fernández se acordó, como primer punto, la supresión del barrilito, pero el presidente del Senado ni los demás miembros de la Cámara Alta se dieron siquiera por aludidos.
Antes que construir obras que conjuren el pretexto del siniestro barrilito, los senadores, que gozan de muchísimos otros privilegios, prefieren la pobreza que justifica la asignación de fondos públicos para actuar como filántropos o buenos samaritanos. Los legisladores han resistido todas las presiones para eliminar un programa que también los coloca en una posición ventajosa frente a sus rivales en la competencia electoral.

